“Sentir el llamado al sacerdocio no es una cuestión de improvisación ni casualidad”, dijo el presbítero José David González Vadillo, encargado de la etapa discipular y coordinador la dimensión humana del Seminario Conciliar de Yucatán, en una entrevista con motivo de la Semana del Seminario.

Recordó  que sus familiares  “nos llevaban  a la doctrina, siempre asistíamos como familia a la eucaristía; ese ambiente me fue ayudando a descubrir ese amor de Dios y esa cercanía con la Iglesia y con Cristo”.

“También los sacerdotes me fueron inspirando la vocación y para preguntarme ‘¿yo puedo ser sacerdote?’.  Fue así como decidí entrar al Seminario.

¿Cuál fue su primera señal?

La primera señal que recuerdo fue la amistad con dos sacerdotes a los que veía celebrar la eucaristía, también me tocaba acompañarlos a visitar a los enfermos y veía ese gesto de compasión de la unción y del acercarse para sostenerlos espiritualmente.

Todo me fue llamado la atención porque siempre decía: ‘me gustaría   una profesión donde esté implicado el servicio y  la cercanía a la gente’. 

Ver a estos sacerdotes me inspiró a decir ‘me gustaría servir, pero quizá dentro de esta vocación, este estilo de vida particular’; así  descubro que Dios  me  invita  a ser sacerdote a través de la figura sacerdotal.

¿Puede llamar Dios a alguien lejano de la Iglesia?

Sabemos que la primera experiencia que tenemos de Dios es lo que vamos escuchando de la familia. La familia va sembrando la semilla de este Dios del que dicen es un Dios amor, es un padre cercano, pero sabemos que hay situaciones que provocan que la gente por alguna mala experiencia se aleje.

Pero otra gente   va sintiendo la necesidad de tener este respaldo espiritual y paternal; todo es un reto y es una cuestión  personal.

Dios se va manifestando en personas y acontecimientos concretos que nos van a ayudar a experimentarlo como tal.— Claudia Sierra Medina

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