CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— Para el escritor nicaragüense José Adiak Montoya, “Los actores perversos”, su novela más reciente, es una especie de máquina del tiempo, que le ha permitido revivir su adolescencia y quitar al polvo a sus primeras lecturas.
“Hace rato que la tenía en mente; este libro es una suerte de compromiso con el adolescente que fui al que le gustaba la literatura y el cine de monstruos; quise desmarcarme de la realidad social y política que he trabajado y hacer una novela en el reino de la imaginación”, dice.
La obra de 204 páginas, editada por el sello Seix Barral, cuenta la historia de tres monstruos cobijados en un mercado sucio por un ciego tallador de máscaras.
Unidos en una hermandad, un día encuentran un libro que les cambia la vida, “El hombre que ríe”, de Víctor Hugo, lo cual los inspira a vengarse de la sociedad.
“Los monstruos han crecido con resentimientos por el desprecio sufrido, lo cual los lleva a cometer ciertos actos; el libro se puede leer como una apología a ese mundo que rechaza lo que considera más bajo”.
Montoya había escrito hasta ahora novelas comprometidas, con denuncias a la violencia en Nicaragua y otros temas sociales. Esta vez creó una obra tras abrevar en la literatura gótica y ha sido feliz en el intento.
Martirio a los lectores
“Ha habido trabajo, pero más que todo emoción por divertirme al escribir desligado de los temas habituales; un poco por sanidad y por darme la oportunidad de hacer algo que martirizara a los lectores, no a mí”, cuenta.
Un pasaje de la novela recrea la matanza de los inocentes por el rey Herodes hace dos mil años. Un poderoso manda a asesinar a los niños de la ciudad y cualquier lector podría comparar su abuso con los que comete ahora Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, o con algún otro dictador.
José Adiak Montoya se refiere al libro “Somoza” en el que la nicaragüense Ligia Urroz hizo un retrato humano del sátrapa y admite no estar seguro de que alguien pudiera hacer una obra como la de su compatriota, a quien le dedicó la novela.
“No sé si es posible hacer un retrato humano de Ortega, no sé quién lo haría; tendría que ser alguien cercano a él que haya conocido alguna virtud humana que pueda tener o saber si se ha deshumanizado. Creo que en algún momento existió un humano donde ahora existe esa carcasa que gobierna mi país”.
“Los actores perversos” tiene giros líricos y personajes como la cinéfila Eda, con una mirada poética, el recurso del escritor para estar cerca de un género que forma parte de su vida.
“Yo siento que cuando escribo poesía, la hago con botas sucias; siento que estoy como en la película de Charlton Heston cuando la zarza ardiente le dice al personaje que se quite las sandalias porque está pisando tierra santa. Prefiero fragmentar mis ideas líricas e implementarlas como un recurso narrativo en la prosa”, confiesa.
Adiak hizo parte de su nueva obra en la casa donde Gabriel García Márquez escribió “Cien años de soledad”. En su novela hace guiño a la literatura del boom a la que perteneció “Gabo” y toma elementos prestados de una obra de aquella generación, “El obsceno pájaro de la noche”, del chileno José Donoso.
“Para cualquiera que la haya leído, está clarísimo que el libro hace alusión a cierto pasaje de Donoso”, reconoce.
Además de la película “El hombre que ríe”, Montoya volvió a ver filmes como “Frankenstein”, “Drácula” y “Freaks” y releyó otras obras de Víctor Hugo, su autor de cabecera.
Montoya cambia el semblante al hablar del gran francés y de su personaje Jean Valjean. Se sube una manga y enseña la cifra 24601, número de presidiario del protagonista de “Los miserables”.
“Le tengo un cariño a Víctor Hugo, me parece una selva inescrutable. Fue un escritor que construyó catedrales literarias, un hombre inagotable, político, poeta, dramaturgo; de cierta forma la novela también es un homenaje a Víctor Hugo”, revela.
Su emoción motiva intentar un juego literario, que Montoya acepta jugar:
“Si tuviera la oportunidad de firmarle su nuevo libro a Víctor Hugo, ¿qué le pondría?”, se le pregunta. Responde: “Para el gran arquitecto, para el gran artífice de lo que son estas letras”.
