La mayoría de padres y madres están dispuestos a hacer cualquier cosa por sus hijos… menos dejar de ser ellos mismos (Banksy) Recuerdo que hace ya algunos ayeres, se preparaba un baile tradicional en un conocido club social en nuestra ciudad. Yo, muy emocionada, esperaba con ansias que mi hija participara, pues daba por hecho que ella anhelaba lo mismo que yo.

Al pasar los días y no notar ningún movimiento al respecto de la festividad en casa, le pregunté con gran emoción si ya estaba lista para ser parte de tan esperado evento (para mí), a lo cual secamente me contestó: “No”.

En ese momento sentí que un balde de agua fría cayó sobre mi cabeza y ése fue el instante donde me di cuenta que mis sueños y expectativas simplemente no son los mismos que los de ella, así como su forma de ver la vida. Y es que a veces nos cuesta mucho trabajo aceptar que son seres humanos independientes y que nosotros somos solo el vehículo para su llegada a este plano creando vínculos amorosos que se trabajan día con día, y borrar de nuestra mente que el amor es obligatorio por los lazos de sangre existentes.

Si no se da en equilibrio, no se puede recibir de esa misma manera ya que su educación debe ser con firmeza y respeto, como guías y con el conocimiento pleno de que somos seres humanos y estamos aprendiendo con ellos también. No venimos con un manual incluido, ni piezas de repuesto. Es verdad que quizá tenemos un poco más de experiencia en ciertos menesteres, a veces buena o veces no tanto, y nos encantaría ahorrarles tropiezos y sufrimiento.

Pero ellos necesitan crecer y experimentar cada etapa y saber que cuentan con nosotros si se equivocan, pero también que a toda acción corresponde una reacción y a cada acto una consecuencia. Con el correr de los años, he disfrutado sus logros así como también he tenido que cerrar la boca y dejar que viva el proceso que le corresponde y que, si las cosas no salen como se planearon, entonces sí intentar abrirle el panorama de la manera más objetiva y clara.

Y así como con nuestros hijos, seamos conscientes también que nuestra familia, amigos, personas cercanas, tienen proyectos muy diferentes a nosotros y que a veces al dar una ayuda no pedida terminamos irrespetando su voluntad y de alguna manera deteriorando los nexos existentes.

Lo único que me resta decir es que aunque sea para algunas personas tarea tiránica respetar las decisiones ajenas, siempre ganaremos más con miel que con hiel y que sentiremos de una manera más palpable la tranquilidad de un alma sin frustraciones que no nos corresponden.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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