Me llegó por WhatsApp un texto firmado por Miguel Ángel Robles, mismo del que he extraído algunos conceptos que me parecieron dignos de ser reproducidos:
—Rezar es una conversación con Dios, es el momento de más calma del día y —en mi caso— el de primera hora de la mañana con el agua de la ducha cayendo despacio sobre los hombros.
—Rezar es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y el tiempo sin tiempo de tu infancia.
—Rezar es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más, y es la forma de comprometerse como cuando rezamos por uno mismo al ponerse en manos del cirujano y de Dios.
—Rezar ofrece consuelo al que reza y a aquél por quien se reza. Rezar nunca es inútil porque siempre es útil.
—Rezar es la aceptación de tus limitaciones. Es aprender a resignarse cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, es aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.
—Rezar es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían de ser.
—Rezar es tener optimismo, es introspección, es relajarse y calmar los nervios. Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. Es buscar el claro en medio de la espesura.
—Rezar es razonar, es planificar y anticipar las jugadas. Es pausa en un mundo excitado. Es calma cuando todo es ansiedad. Rezar es una forma extrema de independencia.
—Rezar es un placer oculto que se reserva para la intimidad, un acto privado y que cuando se hace acompañado se necesita mucha confianza.
—Rezar es una declaración de amor por la persona que tienes en tus rezos, es derramar tu cariño sobre lo que más quieres y sentir el cariño de los que rezan por ti. Rezar es tener a otros en tus oraciones y estar en las oraciones de otros que es mucho más que estar solo en su memoria.
—Y rezar es tener fe. Tener fe en la vida. En las personas, en tus amigos, en tus hijos y tus padres y en Dios. Un superpoder que nos predispone al bien.
