Los rumores tienen larga vida. Basta con hacerlos correr, de todas formas, algo de lo que se rumorea quedará en la mente de aquellos que escucharon el rumor. Con estas palabras quisiera iniciar la historia de un personaje francés que vivió entre el año 1330 y 1418, Nicolas Flamel.

En primer lugar les quiero hablar de Nicolas Flamel… el personaje real. Era un escribano y librero jurado, es decir, que había prestado juramento ante las autoridades competentes de su tiempo para ejercer su profesión como un profesional especializado. Si bien su trabajo le permitía una excelente comodidad económica, tuvo la posibilidad de casarse con una viuda que ya había enviudado dos veces y había heredado las fortunas de sus dos precedentes maridos. Hicieron muy buenas inversiones inmobiliarias, no solo en el París de la época sino también en las aldeas adyacentes, todas ellas hoy en día engullidas por el Gran París. Casi todas estas propiedades aportaban importantes ingresos.

Como personas pías de la época, dedicaron buena parte de su fortuna a obras de caridad y al apoyo para la construcción y/o remodelación de iglesias y capillas. Construyeron varias casas para alojar a los pobres. Todo esto, en un París que podemos pensar era muy pequeño, muchos se conocían, llevaron a rumorear que el señor Flamel se había dedicado a la alquimia junto con su esposa, cuyo nombre era Perennelle. No tuvieron hijos y, a la muerte de su esposa, Nicolas Flamel, se vio envuelto en querellas jurídicas contra la hermana de Perennelle que pretendía ser la heredera de la difunta, a pesar de que en vida, y en más de una ocasión, los esposos habían hecho testamentos, nombrándose mutuamente como herederos universales.

En el cementerio de Los Inocentes de París compró un nicho debajo del osario para que le sirviera de tumba. Hasta ahí la historia del Nicolas Flamel, que fue muy recordado por sus contemporáneos por todas las obras pías que realizó realizado y por los rumores de que se había enriquecido a través de la alquimia. No había nada más lejos de la realidad. La alquimia es una vieja creencia que pretendía convertir el vil metal, en particular el plomo, en oro. Paralelamente el alquimista, al lograr convertir cualquier metal en oro, conseguía la piedra filosofal, que le permitía mantenerse en buena salud, curar cualquier tipo de enfermedad e incluso alcanzar la vida eterna.

A partir de ese momento, ya en los años 1610, algunos escritores comenzaron a escribir libros, en particular un libro llamado El Libro de figuras jeroglíficas, adjudicándolo a Nicolas Flamel. El rumor había tenido larga vida, puesto que todavía siglos después de su muerte se seguían publicando libros, siempre a él adjudicados, siempre sobre alquimia. Muchos aseguraban haberlos visto por las calles de París siglos después de su muerte.

De ahí a que la Señora Rowling lo incluyera en sus novelas de la saga de Harry Potter solo había un paso. En dos de estas películas se habla de la piedra filosofal alcanzada por Nicolas Flamel, que había conocido en su juventud a Dumbledore, el director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Se le adjudica a Flamel haber estudiado en la Escuela de Magia Francesa de Beauxbatons, que se dice se encuentra en los Pirineos franceses. La leyenda dice que fue en esta escuela donde habría conocido a la que más tarde sería su esposa. Perennelle le ayudó en los trabajos para convertir el vil metal en oro, a través de lo cual obtuvieron la piedra filosofal y la vida eterna. Se dice que los esposos Nicolás y Perenelles habrían vivido hasta bien entrado el siglo XX cuando, conscientes de que la piedra filosofal en las manos inadecuadas, podría ser tremendamente perjudicial para la humanidad, la destruyeron. Antes de hacerlo, habían preparado suficiente elíxir como para poner orden en todas sus cosas y en poco tiempo aceptaron con paz la muerte después de haber vivido más de 600 años.

Por otra parte, en la saga Animales Fantásticos, en su última versión Los crímenes de Grindelwald, encontramos a Nicolás Flamen, ya sin su esposa, extremadamente débil y anciano recibiendo en su casa a dos de las personas que vienen a buscar refugio. Es él quien, al final de la película, se dirige al cementerio Père Lachaise, para ayudar en la lucha contra Grindelwald que pretendía destruir París.

Queridos lectores, que el caso de Nicolás Flamel les sirva de ejemplo. Hasta tanto usted no esté seguro de una noticia no la divulgue. Primero hay que verificar la fuente del rumor, recuerde que los rumores tienen larga vida.