• A la izquierda, aspecto de la plática psicológica sobre las adicciones ayer en Cottolengo. Debajo, uno de los fundadores del albergue
  • Arriba, una asistente durante la plática psicológica acerca de las adicciones y, a la derecha, un puesto de pan, en la fiesta de ayer con motivo de 38 aniversario de Cottolengo

En un ambiente familiar, con sesiones de Alcohólicos Anónimos (AA) y Al-Anon, se celebró, ayer, el 38 aniversario de Cottolengo.

A lo largo del día, cientos de personas visitaron el albergue para colaborar con la causa, ya que lo recaudado con la comida y antojitos será para cubrir parte de los gastos del lugar.

El evento incluyó una plática psicológica sobre las adicciones y los distintos tipos de heridas que pueden derivarse del alcohol y otras drogas. También hubo música en vivo y un show cómico, pero el plato fuerte fue el testimonio de cómo el programa de AA puede lograr lo imposible: que un alcohólico o drogadicto deje de consumir y se mantenga sobrio. Y cómo el programa de Al-Anon y Alateen ayuda a los familiares y amigos de los alcohólicos a comprender y a superar los efectos de la enfermedad.

Y claro, la venta de tortas y tacos de lechón, relleno negro, pollo, así como múltiples postres como pasteles, flanes y panes.

Para los más osados se tuvo un toro mecánico y para los pequeños y no tan pequeños, una tómbola con diversos premios.

Tanto los residentes de Cottolengo como los visitantes disfrutaron de las actividades.

Uno de los asistentes fue Carlos A, quien hace 15 años estuvo en Cottolengo. Contó que desde los 14 años comenzó a beber y a los 20 a drogarse. El sentirse abandonado y las malas influencias generaron su ingesta de alcohol a temprana edad.

Su madre se fue a vivir a Ciudad de México con sus hermanos, y a él lo dejó en Mérida con su abuela.

Se sintió abandonado, y al mismo tiempo la abuelita era permisiva con él, de manera que se comenzó a juntar con los borrachitos del rumbo que se reunían en una calle cerrada cerca a su casa.

Al mundo de las adicciones entró algunos años después, por una decepción amorosa, cuando descubrió que su pareja le había sido infiel.

Una sobredosis de crack lo llevó a tocar fondo. Estuvo 8 días en coma, y cuando despertó, su mamá estaba junto a él.

Se enteró de Cottolengo porque su madre regresó a vivir a Mérida y empezó a trabajar en una casa de descanso para adultos mayores, en la que el padre Ignacio Kemp Lozano acudía a dar misa. Y una persona le comentó que el sacerdote tenía un lugar de rehabilitación social para alcohólicos y drogadictos.

Enfatiza que Cottolengo es un sitio de rehabilitación social, porque lo que hace es rehabilitar a los adictos para que vuelvan a insertarse en la sociedad como personas de bien.

En su momento hizo nueve meses en el sitio como parte de su rehabilitación. Los primeros tres meses fueron los más difíciles por la ansiedad que se siente, pero asegura que el apoyo de la gente del lugar, la oración que se hace por la mañana, tarde y noche, ayuda con esos momentos de crisis emocional.

Destaca el gran apoyo de las Hermanas de la Caridad que apoyan la causa, y el cariño y gran apoyo del Kemp Lozano, quien se preocupa por todos. Esto ayuda que la estadía para recuperarse en el lugar sea más llevadera, pues a su juicio, sólo es cuestión de querer rehabilitarse, pues el sitio no tiene muros, cualquiera puede irse si así lo quiere, y es que la filosofía del lugar es que estén los que realmente quieran rehabilitarse, nadie se queda obligado.

La vida de Carlos se transformó después de estar en Cottolengo. Señala que estar ahí lo preparó para tener una familia y hacerse cargo de ésta, por eso siente que se cumple en él el lema del sitio “salvar un alcohólico es salvar una familia”.

Y vaya que lo hizo, pues una de las cosas de las que está más orgulloso es que su hija de siete años siempre lo pone de ejemplo en la escuela, cuando hay que hablar de quién es su héroe, ella elige a su papá, y les dice a sus compañeros que su papá no bebe alcohol y nunca lo ha visto borracho.

El padre Ignacio Kemp indicó que el éxito en la rehabilitación de numerosas personas que han pasado por el sitio sólo es posible con la ayuda del programa de Alcohólicos Anónimos, que no es religioso pero sí cien por ciento espiritual.

Subraya que es necesario confiar en un Poder Superior para poder salir adelante del alcoholismo o las drogas, sin embargo no se habla de una religión particular, pues se respetan todas las religiones, e incluso hay agnósticos y ateos.

Libia Esther Novelo Domínguez, integrante del Patronato de Cottolengo, comparte que su labor es apoyar el trabajo junto con un equipo de bienhechores que se encargan de cubrir las necesidades del lugar.

Por supuesto también apoyan en la realización de eventos como el de ayer.

Desde que Cottolengo se fundó, Libia ha colaborado con el padre Kemp en esta causa, y señala que para ella una de las grandes satisfacciones y emociones es ver que una persona que estaba tirada en la calle por las adicciones, salga recuperado y como una persona de bien en la sociedad.

En Cottolengo han tenido casos de residentes que luego de recuperarse han logrado destacar en distintos ámbitos.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

Festejo Aniversario

El centro de rehabilitación Cottolengo celebró ayer 38 años de labor ininterrumpida.

Recuperación

A lo largo de 38 años, se ha atendido a 9,250 personas en Cottolengo, de las cuales el 65% se han recuperado. En la actualidad albergan a 70 personas.

AA y Al-Anon

En Cottolengo se tienen sesiones abiertas de AA los martes, jueves y domingos de 6 a 8 p.m. Hay juntas de Al-Anon, los domingos a las 12.

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