Pablo Álvarez Fernández, astronauta español de la Agencia Espacial Europea, durante la presentación de la Semana del Espacio en Sevilla
Pablo Álvarez Fernández, astronauta español de la Agencia Espacial Europea, durante la presentación de la Semana del Espacio en Sevilla

SEVILLA (EFE).— Desde que Pablo Álvarez Fernández, ingeniero aeronáutico español, fuera elegido astronauta titular de la Agencia Espacial Europea (ESA) su vida cambió radicalmente. Ahora está inmerso en el proceso de entrenamiento básico de un año que incluye el aprendizaje de ruso, astronomía, colocar una vía y empastar una muela.

Álvarez aseguró que se encuentra muy bien y que disfruta de la formación —que se realiza en el centro de astronautas de Colonia (Alemania)—, a la que califica de “muy intensa”.

“Ahora mismo estoy en el ecuador del entrenamiento que llamamos básico, que dura hasta abril del año que viene” y con el que la Agencia Espacial Europea pretende uniformar la preparación de sus elegidos.

La nueva generación está conformada por cinco astronautas, cada uno proveniente de un sector distinto.

Tocan muchas materias, entre ellas la ingeniería, la biología, los sistemas espaciales y la astronomía, en jornadas que son un poco distintas la una a la otra.

Hay teoría, explicó Álvarez, pero también práctica de deporte y dos veces al mes realizan inmersiones en una piscina para entrenar, para simular las actividades extravehiculares que se podrían realizar en caso de viajar a la Estación Espacial Internacional (EEI).

Ésta, admitió, es la parte que más les gusta a todos. Comenzaron las inmersiones con un equipo de submarinismo básico y luego fueron incrementando la dificultad y añadiendo algunas piezas que se parecen o que forman parte de un traje espacial, como una máscara y los guantes.

Se trata de ir haciéndose con un traje que es aparatoso —los que se utilizan en la actualidad pesan alrededor de 170 kilos— y de practicar actividades con algunos de sus componentes. “Tenemos una réplica del módulo europeo Columbus de la Estación Espacial Internacional y hacemos, por ejemplo, actividades por fuera”.

En Europa no hay un traje de astronauta completo para las actividades extravehiculares, pues ése se encuentra en un centro en Houston.

“En Europa hay uno que lo simula, por eso la formación termina en Houston, en unas piscinas gigantes donde tienen toda la réplica de la Estación Espacial Internacional”, relató el astronauta.

Una de las cosas “más extrañas”, por novedosa, es el aprendizaje de aspectos médicos. Ya sabe colocar una vía, poner puntos e inyectarse a sí mismo para que, en caso de que un experimento lo requiera, se saque una muestra de sangre en el espacio. Y aprenderá a empastar una muela, por si un compañero lo necesita.

Asimismo, está aprendiendo de astronomía, a comunicarse a través de los medios y a conocer cómo reacciona en situaciones límites.

Por eso, también ha recibido cursos de supervivencia en agua y tendrá uno en febrero en un entorno de frío; en breve va a probar por primera vez la centrifugadora, que simula altos niveles de aceleración.

Cuando termine este año de formación básica comenzará el “entrenamiento incremental”, en el que seguirá aprendiendo más sobre los sistemas de la Estación Espacial, hará más viajes al centro de Houston y, si le asignan una misión, tendrá un aprendizaje más específico.

Cuando esto ocurre, apunta, necesitas dos años de entrenamiento específico, pues hay que tener en cuenta que un astronauta en la Estación Espacial puede llegar a realizar hasta 200 experimentos.

Para Álvarez, el espacio está viviendo una revolución y es importante que se discuta “dónde quiere estar Europa”.

Europa, subrayó, tiene que ser “autónoma, ambiciosa y no quedarse atrás, para conseguir, no ser independiente, sino mejores colaboradores, con mayor capacidad técnica”.

Agencia Entrenamiento

El español Pablo Álvarez finalizará el entrenamiento básico de astronauta en abril.

Aprendizaje médico

Una de las cosas “más extrañas” en la formación de Álvarez, por novedosa, es aprender procedimientos médicos. Ya sabe colocar una vía, poner puntos e inyectarse a sí mismo para, en caso de que un experimento lo requiera, sacarse una muestra de sangre en el espacio. Y aprenderá a empastar una muela, por si un compañero lo necesita.

La prueba más fuerte

También ha recibido cursos de supervivencia en el agua y tendrá uno en febrero en un entorno de frío. En breve va a probar por primera vez la centrifugadora, que simula altos niveles de aceleración y es considerada la prueba más fuerte en cuanto a la resistencia del cuerpo humano.

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