La historia ha sido revelada. Ésa sería una de las maneras de describir la presentación del libro “La Casa de Montejo: Historia y arquitectura”, escrito por el arqueólogo Luis Millet Cámara.
Anteanoche el profesional dio a conocer su investigación, con información que data desde el siglo XVI, sobre los orígenes y las modificaciones experimentadas por el inmueble.
El auditorio del Centro Cultural Prohispen, ubicado en la colonia México, fue el punto de reunión donde gran número de personas escuchó la exposición sobre el hogar en Mérida de los conquistadores de Yucatán.
Para iniciar la velada, el antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez habló de la portada de la publicación, que se trata de un dibujo de la fachada de la casona, en la que se ponen de manifiesto sus figuras y símbolos.
“Podemos distinguir dos cuerpos: uno inferior y uno superior. El inferior se refiere a la vida de la familia de Montejo y los esfuerzos de la conquista, con una serie de alegorías escultóricas relacionadas con la metodología griega y con seres medievales, mientras que el superior es una apología del linaje de Francisco de Montejo ‘El Adelantado’, que se establece a partir de su matrimonio con Beatriz Herrera”, manifestó Cardeña Vázquez.
Por su parte, Pedro Peón Espejo declamó el poema “La mirada de Mediz Bolio” a los asistentes, que después recibieron con aplausos al investigador Millet Cámara, quien subrayó que la Casa de Montejo “es un monumento muy relevante, de los más importantes del siglo XVI, no solo en Yucatán, sino de América, porque transmite un mensaje de lucha en la guerra, pero que también comunica el deseo de trascender, el valor del esfuerzo y lo heroico”.
“En la obra clásica de ‘La Casa de Montejo’ del doctor Ignacio Rubio Mañé hay tres puntos fundamentales que sirvieron de aportación a mi libro. El primero fue la identificación que hizo del arquitecto de la residencia, un español que se llamaba Maese Juan, que se volvió franciscano y adoptó el nombre de fray Juan de Mérida, que después llevó al cabo grandes obras”.
“El ser humano resuelve sus diferencias con quienes son diferentes, ya sea por lengua, raza o religión, a través de la guerra, sin darle un valor al diálogo. La lección del edificio es que de algún modo exalta la guerra y la violencia”, admitió.
“Debemos encontrar la manera de convivir de manera pacífica con aquéllos que son diferentes en muchos aspectos. Debemos construir una sociedad más justa, en la que podamos demostrar nuestro potencial humano”.—VANESSA ARGÁEZ CASTILLA
