Los bonobos cooperan entre sí
Los bonobos cooperan entre sí

MADRID (EFE).— Aun siendo de diferentes grupos, comparten, cooperan y si es necesario agreden conjuntamente al que se porta mal pero sin llegar a ser letales: un estudio con bonobos desmonta la idea de que el conflicto es inherente al ser humano y algo inevitable desde el punto de vista evolutivo.

La sospecha de que, por su similitud con los humanos, esta especie casi extinta ayudaría a responder muchas preguntas sobre la biología de la evolución humana llevó al científico Martin Surbeck a crear un centro de investigación en la selva de Kokolopori (Congo) en 2016.

“Tardamos entre tres y cuatro años en habituar a los animales a las observaciones de los humanos”, recuerda.

Una vez logrado, investigadores y rastreadores locales siguieron diariamente a tres grupos diferentes de bonobos. “En un día normal salíamos del campamento con las linternas frontales hacia las 4:30 de la madrugada para encontrar a los bonobos en los nidos donde habían pasado la noche, les seguíamos desde que se despertaban y registramos su comportamiento hasta la noche, cuando volvían a construir el nido en otro lugar”.

La minuciosa labor de monitoreo dio lugar al hallazgo de otra especie, aparte de la humana, capaz de tejer alianzas y ayudarse de manera altruista. Ayer se publicó el descubrimiento —del que Surbeck comparte autoría junto a Liran Samuni, investigadora del Centro de Primates Alemán— en la revista “Science”.

“Rastreando y observando múltiples grupos de bonobos en Kokolopori nos sorprendieron los elevados niveles de entendimiento entre los miembros de diferentes grupos y cómo eso allana el camino hacia la cooperación entre grupos, sobre todo para repartirse el alimento”, indica Samuni.

Los investigadores encontraron similitudes entre los vínculos de cooperación de los bonobos y los existentes en las sociedades humanas. Entre otros, notaron que los bonobos, como suelen hacer los humanos, “no interactúan entre ellos al azar, sino que la cooperación se da preferentemente con miembros concretos de otros grupos a los que ven más proclives de devolverles el favor en caso de necesitarlo”, detalla Surbeck.

Esta red de alianzas se fundamenta en “individuos muy activos dentro de los grupos” y la cooperación tiene como objetivo prioritario “compartir la comida”.

En este último aspecto está otra de las grandes similitudes con la especie humana, según Surbeck: las hembras bonobo “parecen particularmente buenas formando alianzas para compartir comida entre grupos y tratar de ser equitativas en el reparto”.

Si los machos se portan mal, las hembras de diferentes grupos se unen para agredirlo. Esta “sororidad” nunca se traduce en agresiones letales, como sí ocurre con los chimpancés.

Precisamente, la inexistencia de esa cooperación y alianzas entre los chimpancés —los “parientes” de los humanos más estudiados— es parte de lo que hace el descubrimiento en los bonobos tan novedoso.

“Las relaciones entre los distintos grupos de chimpancés son predominantemente hostiles y las agresiones letales suelen ser comunes. Por ese motivo, los modelos de evolución humana daban por supuesto hasta ahora que la hostilidad y la violencia de grupo son innatas a la naturaleza humana”, apunta Samuni.

A juicio de los investigadores, las conclusiones sobre los bonobos “cuestionan la idea de que compartir cultura y normas sociales son condiciones imprescindibles para que surja la cooperación entre grupos”.

“Los bonobos demuestran que la guerra constante entre grupos vecinos no es necesariamente un legado humano y es perfectamente evitable desde el punto de vista evolutivo”, según Surbeck.

El estudio de la cooperación en la especie tan estrechamente emparentada con los humanos aporta “una nueva visión sobre las condiciones que promueven la cooperación entre grupos frente al conflicto”.

“Es indudable que tener una cultura, tradición y normas sociales similares facilita la cooperación entre sociedades humanas, conduce al intercambio de recursos y conocimiento, pero vemos cómo los bonobos también cooperan sin necesidad de compartir normas sociales, tradiciones o cultura”.

Surbeck y su equipo, en colaboración con las organizacion no gubernamentales Vie Sauvage (en Congo) y Bonobo Conservation Initiative (Estados Unidos), aún tienen mucho por observar en los bonobos para aprender de la evolución y naturaleza humana en “algo tan necesario en estos momentos: la cooperación y resolución de conflictos”.

Una de las preguntas que intentan responder es si los individuos más proclives a la cooperación se sienten y son percibidos como parte de un grupo u otro, o de otro modo. Por eso los investigadores llaman la atención sobre la necesidad de conservar la especie y su delicado hábitat.

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