RAÚL ESPINOZA AGUILERA (*)
Hace unos días celebrábamos la Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. No deja de sorprender que la Santísima Trinidad decidiera que Jesucristo, el Emmanuel (Dios-con-nosotros) naciera en el seno de una familia y, como todas las personas, pasara 9 meses en el vientre de su Madre, la Virgen Santa María.
Había muchas cosas que urgía realizar en orden a la Salvación del género humano. Sin embargo, Dios quiso hacer énfasis en que se trataba de un hombre normal (“Perfecto Dios” y “Perfecto Hombre”) y no quiso precipitar el tiempo.
Hay una pintura clásica que en lo personal me agrada mucho, atribuida al pintor español Esteban Murillo, titulada “Sagrada Familia del Pajarito”, que representa la intimidad del hogar de la Sagrada Familia.
En ella se aprecia que el niño Dios está jugando con un pajarito y un perrito blanco. San José lo sostiene contento porque el pequeño Jesús se divierte, mientras que la Santísima Virgen María está cosiendo y mirando complacida la escena.
¡Así debió haber sido el hogar de Nazareth! En que llevan una vida llena de naturalidad y sencillez, me imagino. Por otra parte, en la ceremonia de Purificación en que la Sagrada Familia acudió al templo para cumplir lo que prescribe la Ley de Moisés para los varones primogénitos, no ofrecieron cordero como los esposos ricos, sino que por tratarse de una familia pobre con sueldo de un artesano, llevaron un par de tortolitas.La familia es una escuela de virtudes. Dentro de ella hemos aprendido los valores, la formación humana y la vida de piedad. Cierto día, daba la bienvenida a los asistentes a una conferencia, de pronto apareció una joven que, con gran aplomo y seguridad, me preguntaba por más lugares para estacionar el coche de su familia.
De inmediato pensé que sus padres la habían educado bien, con el suficiente carácter para comunicarse con desenvoltura.
Y en efecto, minutos después se presentaron sus padres, quienes poseían personalidades claras y definidas, y se observaba que habían influido positivamente en su hija.
Defiende a la familia
Recientemente, escuchaba a un Doctor en Pedagogía que manifestó que debíamos defender a la familia por todos los medios y nunca desalentarnos si nos encontrábamos con un ambiente adverso.
Uno de los Derechos Humanos principales es el Derecho a la Vida. Se sabe que existe toda una campaña internacional que rechaza o niega este Derecho Fundamental. Las famosas jóvenes con “pañoletas verdes” no parece que conozcan a fondo la Perinatología ni la Bioética. Hay mucho de ignorancia científica con sus posturas ideológicas.
Algunos políticos e intelectuales consideran una postura “vanguardista” estar a favor del aborto y la desintegración de la familia. Como si fuera un signo de “modernidad” sin percatarse del daño que están causando con el asesinato de miles de bebés en el seno de sus madres o en la desintegración de esa célula social básica como lo es la familia.
La consabida frase: “Es que todo el mundo piensa en esta forma modernista, además no quiero parecer ante los demás como del siglo antepasado”. Esa conducta no es sino una excusa de sus descarríos. Leí el caso de una enfermera que trabajaba en una clínica abortista. Un día, al terminar su jornada y mientras se vestía para dirigirse a su casa, escuchó el llanto desesperado de un bebé. Su instinto recóndito de madre hizo que lo buscara dentro de los botes con cadáveres de niños abortados. Al poco tiempo, encontró al niñito.
Inmediatamente, lo lavó, le curó y vendó sus heridas. Luego lo arropó con unas mantas gruesas para no ser descubierta. Se llevó a la criatura a su hogar, le dio las medicinas que necesitaba y su madre le ayudó a alimentarlo. Por supuesto, esta enfermera cambió de trabajo por otro honrado y que no fuera tan criminal.
Tiempo después animaron al niño a que estudiara.
Con el paso del tiempo, se graduó en Ingeniería Química. Y fue precisamente él quien dio a conocer su historia a los medios de comunicación, que causó gran conmoción social.
Hace poco falleció mi tía Elsa. Se casó con mi tío Manuel (también finado) y procrearon cinco hijos. Era ejemplar el cariño que les tenían. Posteriormente, llegarían los nietos. Con el paso del tiempo, mi tío falleció.
En los últimos años, mi tía se llenaba de alegría y gozo cuando nacían sus bisnietos y llevaba la cuenta exacta. Cuando la visitaba, me mostraba con un santo orgullo las fotografías de todos ellos. Su vida fue una entrega completa de servicio para proporcionarles felicidad a todos y de un gran amor por la vida humana. “¡Qué alegría que la familia crezca!”, solía decirme.
En conclusión, la familia no ha sido un invento humano ni una mera ocurrencia de un sector de la población a lo largo de los siglos. Más bien, ha sido un querer enteramente de Dios y nos puso como modelo a la Sagrada Familia integrada por Jesús, María y José.
Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM y maestro en Comunicación por la Universidad de Navarra.
