Arrancamos 2024 con algo de frentes fríos en la Península de Yucatán, ideal para sentarse a ver unas películas en casa. En esta entrega voy a hablar de cómo los fríos afectan la vitivinicultura y cómo la mano del hombre hace que sigamos teniendo vinos en nuestras mesas.
Normalmente, para estas fechas las plantas de la vid dejan de producir savia y nutrientes para su desarrollo, es una especie de adormecimiento llamado agostamiento y es cuando comienzan a caerse las hojas y solo quedan unas tristes ramas que parecen secas y algún resto de uva de uno que otro racimo olvidado.
El panorama parece desolador, pero es así como la planta se duerme, se va regenerando poco a poco y va adquiriendo ese color de otoño. Es aquí cuando comienza el trabajo de las vinícolas, los enólogos trazan estrategias para el próximo año: si van a plantar más hectáreas de una variedad de uva, si dejan descansar el terrero de otra, y traspasan los toneles de acero inoxidable a las barricas. De toda esa labor el fruto fue una muy buena cosecha en 2023, ya que hay vinícolas mexicanas que superaron su volumen y apuestan por más. Hay algunos que están volteando a ver al campo en el sector vinícola y el futuro para el vino mexicano es maravilloso.
Cada vez hay más gente consumiendo vino mexicano, le está apostando a lo nacional, sabe que cada vinícola coloca su mejor esfuerzo en cada botella y aporta a los circuitos enoturísticos que se están construyendo, como en San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato, Chihuahua y, por supuesto, Valle de Guadalupe.
Hay más de 250 vinícolas que trabajan arduamente para que los turistas, tanto locales como extranjeros, se vayan con un buen sabor de boca, literalmente hablando, y que sepa la gente que México está codeándose con grandes países vitivinícolas, como Estados Unidos, Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina.
Pasando al tema del acompañamiento para estos días fríos, ¿qué tal un mole, de ésos que preparaban sus abuelitas, con sabor a la tierra de uno, y un vino del Valle de Guadalupe: Perseus? Se llama así por la constelación que se da en el Hemisferio Norte. Es una mezcla de dos uvas italianas que supieron arraigarse muy bien en el valle, nebbiolo y sangiovese, uvas propias del Piamonte, en la Toscana italiana, con el toque que el enólogo Jesús Rivera Covarrubias le da a este vino, que lo cuida más que a sus ojos, hace que sea el compañero ideal.
De un color rojo con matices violetas, un aroma robusto, muchos frutos negros maduros, hay algo de higo y ciruela pasa, algo de café, chocolate y tabaco; ampliamente recomendado para embutidos, cortes de carne y quesos maduros.
Como siempre, la recomendación final es que acompañe este vino con la persona que más aprecia.
Les mando un fuerte abrazo para este clima y a seguir bebiendo vinos mexicanos.
