El pasado 2023 se cumplieron 510 años del descubrimiento del Océano Pacífico.
Aunque hay estudiosos que, según recuerda el historiador Silvio Zavala en “El mundo americano en la época colonial”, han buscado plantear una relación precolombina entre Asia, Oceanía y América a través de ese mar, su descubrimiento por parte de España significó el primer paso para iniciar una intensa correspondencia transcontinental durante el período colonial. Una relación que, para Zavala, resultó una “innovación histórica, como lo eran las rutas transatlánticas entre Europa, África y América.
La existencia de un mar al sur del actual Panamá ya había sido advertida a Cristóbal Colón en 1502, cuando circunnavegó la costa de Centroamérica, durante su último viaje a las Indias. La hazaña del descubrimiento del Pacífico (en esos tiempos llamado Mar del Sur), que abrió para Europa un nuevo camino hacia Asia, se la debemos a la iniciativa y riesgo del jerezano Vasco Núñez de Balboa (1470/1475-1519), de grato recuerdo, particularmente para los panameños, y de destino desafortunado. En 1501 viajó al Nuevo Mundo, para no volver a la península ibérica, en la expedición de Rodrigo de Bastidas.
A diferencia de Bastidas, quien retornó a España, Balboa permaneció en la isla La Española (República Dominicana y Haití), se hizo de un lote y se llenaba de deudas “hasta los ojos, y los acreedores atormentaban sus días”, según contó el historiador y geógrafo hispano-panameño Ángel Rubio en “La ruta de Balboa y el descubrimiento del Océano Pacifico”, con el propósito de poblar la Tierra Firme, particularmente el golfo panameño de Urabá, explorado por Bastidas y, por tanto, conocido por Balboa. El rey Fernando el Católico envió una expedición conformada, como recuerda la “Biografía del Caribe” de Germán Arciniegas, por un “maromero” y un “músico”, Alonso de Ojeda, “conocedor de aquellos parajes”, y Diego de Nicuesa, “acaudalado residente de La Española”, dice Rubio.
Sin embargo, las pugnas territoriales entre ambos propiciaron el envío de una armada proveniente de La Española, ese “paño de lágrimas” de los expedicionarios, al mando de Martín Fernández de Enciso, amigo de Ojeda y que poco lo ayudó, pues fue derrotado. Fue en la expedición de Enciso que Balboa, contra la ley que prohibía a deudores, como él, embarcarse, viajó escondido en un barril como un llovido, expresión que señalaba al que viajaba sin autorización. Según Arciniegas, hacia la década de 1950 (la misma del estudio de Ángel Rubio), la manera en que viajó Balboa, en barril o en el pliegue de una vela es algo aún discutido entre los historiadores. Debido a la escasez de provisiones y armamentos, los recién llegados, por consejo de Balboa, decidieron trasladarse a la región occidental del Golfo de Urabá. Ahí fundaron Santa María de la Antigua, y como no se acordó la jurisdicción del asentamiento (si era de Ojeda o de Nicuesa), todos los colonos , a la manera, dice Rubio, de “un embrión de régimen municipal democrático”, designaron alcaldes a Benito Palazuelos y Vasco Núñez de Balboa.
Como Ojeda había regresado a La Española y Nicuesa estaba en otra parte de la costa panameña, los seguidores del segundo se opusieron a los nuevos nombramientos y lo designaron Gobernador del Darién. Los opositores se amotinaron a la llegada de Nicuesa y decidieron perseguirlo. De manera contrastante, Balboa, adverso a Nicuesa, quiso protegerlo y lo instó a retirarse con sus barcos, y nunca más se supo de él. Al respecto, dice Rubio: “La desaparición de Nicuesa constituiría más tarde el cargo principal que se hiciera a Balboa”. Uno de los señalamientos que determinaron el destino del célebre descubridor del Pacífico.
Poeta y ensayista.
