El amor flotaba en el aire en el Palacio de la Música. Los pocos asientos vacíos se ocuparon rápidamente y, apenas iniciado el concierto, todo era un mar de cabezas, pies y manos siguiendo el ritmo de Chris Flory.
A decir verdad, este programa se antojaba más en un bar bebiendo un martini sucio que en un auditorio, pero si el Mérida Fest te da un regalo sensorial como éste, lo tomas y sigues el swing.
Decíamos que el amor flotaba en el aire en el Palacio de la Música por los primeros dos estándares de jazz que interpretó el Chris Flory International Quintet: “Moon Love” y “Comes Love”, el primero interpretado por la orquesta de Glenn Miller, Frank Sinatra y otros tantos reconocidos músicos, y el segundo grabado por Billy Hollyday (está incluido dentro del disco “Billie’s Best”).
“Té para dos” contó con un invitado especial, el productor del espectáculo, Carlos Daniel Ramos Rosado, que entonó la letra de este famoso tema (hay una película homónima con Doris Day).
El sentimiento latino llegó con “Bésame mucho” de Consuelito Velázquez, en la aterciopelada y potente voz de otra yucateca, Alondra Altamirano.
Hubo otros dos yucatecos en el escenario acompañando a Chris Flory: Óscar Terán (contrabajo) y Carla Iturralde (piano), además de Alberto Chiozzi (batería) y Stefano Doglioni (clarinete bajo), de Nueva York.
Al mando de todos ellos, Chris Flory, conocido guitarrista de Nueva York, con más de 50 años de trayectoria y alumno de Benny Goodman, solo tenía que voltear a ver a alguno de los músicos para dar paso a un solo. Desde luego, hubo espacio para las improvisaciones, que el público premió con aplausos.
Aunque la mayoría de los asistentes eran extranjeros, el jazz tiene presencia y gusta en Yucatán desde hace muchos años. Pocos saben que en Dzidzantún hubo una orquesta, la Jazz Orch Lizama, bajo la dirección de Herberth Lizama Martínez, que luego se llamó la Orquesta Rosita Lizama.
En los últimos años, músicos como el compositor mexicano Javier Álvarez, Samuel Rafinesque, con el festival “Resonancias”, que reúne en Mérida a músicos de varios países; la Mérida Big Band, que dirige Ranier Pucheaux; la cantante Gina Osorno y el grupo “Té para dos”, por citar a algunos, y más atrás Ligia Cámara, Mario Esquivel… le han dado realce al jazz en el Estado.
Anoche, el mismo programa se disfrutó en el parque de Santa Ana, donde el quinteto alternó con la banda Conejo Eléctrico, Gina Osorno y otros artistas.
“Descubrí la música en Buenos Aires a la edad de diez años, más o menos, en 1924. Yo no podía entender las palabras, pero alguien cantaba en inglés y era algo mágico para mí. Tendría catorce años cuando oí a Jelly Roll Morton y luego a Red Nichols. Pero al oír al Louis Amstrong, noté la diferencia”, decía Julio Cortázar. Fue inevitable evocarlo anoche, a él y a “El perseguidor”. “Sax, sex, six”.— Patricia Garma Montes de Oca
De un vistazo
Sobre el guitarrista
Chris Flory comenzó a presentarse en bares en los años 70, cuando se mezclaba el jazz de Nueva Orleans y de Nueva York con el pop. Fue parte de la transición en la Gran Manzana hasta principios de los 90. Convivió con la vieja y la nueva generaciones de músicos, en un ambiente internacional.



