El fado de Ricardo Ribeiro es pura emoción. Su música se inspira en poemas de varios autores, la mayoría portugueses, pero también tiene entre sus favoritos al argentino Juan Gelman, de quien interpretó el pasado viernes en Mérida “Alza tus brazos”: (“Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi sed, tambor, tambor, mi fuego. Que la noche nos cubra con una campana, que suene suavemente a cada golpe del amor…”), uno de los pocos temas que cantó en español.
El también compositor tiene en su haber cinco álbumes en solitario, de los que se desprendieron como pétalos de flor en otoño los temas que interpretó en el Palacio de la Música, en el marco del Mérida Fest.
“¡Qué hermoso cantas!”, le gritó alguien del público al lisboeta. Pero Ribeiro es modesto, a pesar de que es uno de los mejores fadistas de la actualidad. A la edad de 20 años, estaba de gira por festivales internacionales de música y desde entonces no ha parado.
El cantante de 42 años le ha dado la vuelta al mundo con el fado. México no le es ajeno, fue invitado especial de la FIL 2018. Y el pasado viernes trajo la música conmovedora de las calles de Lisboa a una ciudad a la que la poesía no le es ajena, y que aprecia las expresiones románticas, aunque vengan impregnadas de saudades.
“Yo nunca comprendí como una música tan trágica como el fado y el flamenco nacen de la fiesta. Es muy interesante. Y para mí ninguna cultura está separada de otra. Cada cultura tiene su lenguaje pero somos todos humanos y hay algo que nos une”, dijo en una entrevista Ribeiro, que siente fascinación por la música árabe, el flamenco y el fado.
En Mérida, tres talentosos músicos realzaron aún más su desgarradora voz: Bernardo Jumao, ampliamente aplaudido durante sus solos en la guitarra portuguesa, esa que le da un sonido único al fado; Carlos Manuel Proenca, en la viola de fado, y Daniel Pinto en la guitarra bajo.
En español también interpretó “Por La Mar Chica Del Puerto” de Manuel Alcántara y Mayte Martin; y “S.O.S.” de Stig Anderson, Benny Andersson y Bjoern K Ulvaeus.
En Mérida habló poco. Cantaba de corrido, sin presentar los temas, salvo dos o tres excepciones, concentrado en su canto, ensimismado, introspectivo…
“La poesía siempre ha tenido una enorme importancia en mi vida, al igual que la filosofía. Tengo dos primeras ediciones de Ramos Rosa, por ejemplo. Pedro Homem de Melo, Eugénio de Andrade, José Régio, Teixeira de Pascoaes, Cesariny, António Maria Lisboa, tantos. Las palabras para mí son vida”, dijo en otra entrevista.
Y aunque la mayoría de sus canciones fueron en portugués, el sentimiento no necesita traducción en Ribeiro. “Dialogó” con las palmas, ritmo que siguió el público. Y después de una decena de temas y despedirse, regresó al escenario para una canción más, que nos dejó con el alma suspendida en saudades.— Patricia Garma
Fadista Más
A los 17 años, en 1998, Ricardo Ribeiro grabó su primer álbum, “No Reino do Fado”.
A la fama
Ribeiro saltó a la fama internacional tras participar en la película “Fados” del director Carlos Saura.
Patrimonio Inmaterial
El fado es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Se define como la falta de algo, la nostalgia, o la saudade, melancolía a secas que entraña luego una dulzura apesadumbrada y vale por una sensación estable de ausencia o de presencia insólita.
En constante cambio
El fado de la década de 1920 no es el fado de los años 60 o de la década de 1940, porque el fado acompaña a la vida, acompaña a los portugueses y sobre todo a los lisboetas, dijo Ribeiro, que define al fado en constante transformación, incluso él ha grabado un disco de fado jazz.





