MADRID (EFE).— La misión PACE de la NASA y la empresa SpaceX, que durante los próximos años profundizará en el estudio de la atmósfera y de los océanos, despegó ayer con éxito desde el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral.
El cohete Falcon 9 despegó desde la base espacial y fue completando con éxito todas las etapas que tenía programadas —entre ellas las más críticas: el desprendimiento del satélite del cohete y el despliegue de los paneles solares— en la siguiente media hora a su lanzamiento.
Para cuando se habían completado todas las fases programadas tras el despliegue, el equipo de la NASA encargado de la misión en Cabo Cañaveral celebró el éxito del lanzamiento, que tuvo que ser suspendido en dos ocasiones esta semana debido a las malas condiciones meteorológicas.
El administrador de la NASA, Bill Nelson, felicitó al equipo involucrado en la misión y aseguró que la incorporación de PACE a la flota de satélites de observación de la Tierra “nos ayudará a aprender, como nunca antes, cómo las partículas en la atmósfera y nuestros océanos pueden identificar factores clave que impactan en el calentamiento global”.
El valor de los datos que reporte PACE “se disparará” cuando se combinen con los de otras misiones de observación de la Tierra “y dará paso a una nueva era de la ciencia oceánica”, manifestó Karen Germain, directora de la División de Ciencias de la Tierra de la NASA.
La misión PACE (acrónimo inglés para Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos) utiliza una tecnología sin precedentes que permitirá ampliar las observaciones globales por satélite de la NASA del océano, los aerosoles atmosféricos y las nubes, e iniciará un conjunto avanzado de registros de datos relevantes para el clima.
Está previsto que los datos de la misión de la NASA ayuden a comprender mejor cómo el océano y la atmósfera intercambian dióxido de carbono.
Además, revelarán cómo los aerosoles pueden impulsar el crecimiento del fitoplancton en la superficie del océano, y los responsables de la misión han reiterado en las últimas semanas su convicción de que la información que reporte PACE redundará en beneficio de la economía y de la sociedad.
Ayudará, por ejemplo, a identificar el alcance y la duración de las floraciones de algas nocivas en los océanos, y ampliará las observaciones a largo plazo de la NASA sobre la Tierra.
El nuevo satélite medirá la luz emitida por la Tierra —su “radiancia”— en la parte superior de la atmósfera, una señal que incluirá todo lo que se encuentre por debajo, por lo que será labor de los científicos discernir las contribuciones de la atmósfera y las del océano.
Al estar situado más lejos del satélite, solo una pequeña fracción de la luz procederá del océano, según los responsables de la misión, y restar la señal de la atmósfera ayudará a determinar un valor clave, el de la “radiancia” que deja el agua.
Estos datos serán clave para conocer mejor las algas microscópicas (el fitoplancton) de la superficie del mar, que tiene diversas formas, tamaños y pigmentos y todos ellos afectan al color del océano.
Para ayudar a descifrar los diferentes tipos de fitoplancton, PACE detectará el color con una resolución muy alta y en un amplio espectro: desde las longitudes de onda ultravioletas hasta las infrarrojas.
Pero el color no es la única propiedad de la luz que informa sobre el planeta; la polarización de la luz —cómo oscila dentro de un plano geométrico— es otra dimensión importante de la información, y cuando la luz solar interactúa con nubes o aerosoles su polarización puede cambiar.
Medir este tipo de cambios nos ayudará a comprender mejor nuestra atmósfera y nuestro clima, y de ello se va a encargar PACE durante los próximos años.
Los efectos del cambio climático en el océano son numerosos, desde la subida del nivel del mar hasta las olas de calor marinas, pasando por la pérdida de biodiversidad.
Con esta misión, los investigadores podrán estudiar su efecto en la vida marina en su forma más pequeña. Los satélites actuales son capaces de revelar la cantidad de fitoplancton, las diminutas plantas y algas que sostienen la red alimentaria marina, en la superficie del océano, pero no detectan la diversidad de especies, lo que sí hará esta misión de la agencia espacial estadounidense.
Con una vida útil de al menos tres años, el satélite alcanzará una órbita de 676.5 kilómetros y, según la NASA, la misión revolucionará la forma en la que se estudian los océanos.
“Ha sido un honor trabajar con el equipo de PACE y ser testigo de primera mano de su dedicación y tenacidad para superar los desafíos, incluida la pandemia mundial, para hacer realidad este observatorio”, dijo Marjorie Haskell, ejecutiva del programa PACE en la sede de la NASA.
De un vistazo
Detectará la diversidad
Los satélites de observación actuales son capaces de revelar la cantidad en el océano del fitoplancton, diminutas plantas y algas que sostienen la red alimentaria marina; pero no la diversidad de especies, lo que sí hará la misión PACE. Los científicos, entonces, podrán conocer el efecto en la forma de vida marina más pequeña.
