La noche del Jueves Santo, las calles del Centro tienen una vitalidad inusual: se llenan de devotos que van de iglesia en iglesia para visitar los monumentos colocados para la adoración del Santísimo Sacramento, una práctica iniciada por San Felipe Neri en Roma como una forma de unirse a Jesucristo en su Pasión.
La tradición señala que son siete los templos que se deben recorrer, un número que hace alusión a los lugares en los que el Salvador fue aprehendido, juzgado y muerto: el Huerto de los Olivos, la casa de Anás, el tribunal de Caifás, el pretorio de Pilato, el palacio de Herodes, de nuevo la sede de Pilato y, finalmente, el Monte Calvario.
Como recuerda el portal de recursos cristianos Arguments, la práctica de colocar monumentos surge de la costumbre de desnudar los altares en Jueves Santo para limpiarlos.
“Todo eso implicaba el tener reservada la sagrada Hostia consagrada para el siguiente día. De ahí la necesidad de un sitio digno donde colocarla. Lo que se hacía al principio solo por necesidad fue transformado por la piedad de los fieles en culto y adoración a Dios en la Eucaristía”, explica.
“Se empezó adornando el sagrario; fueron luego multiplicándose las luminarias; vino la costumbre de mirarlo como lugar de exposición del Santísimo, y así se establecieron prolongadas adoraciones de día y de noche. Los Papas alentaron esta costumbre concediendo indulgencia plenaria a quien visite los monumentos”.— Megamedia
