Hola, ¿qué tal, mis queridos lectores? Ya entramos al cuarto mes del año. Aprovechando estos días de Pascua hice un viaje a Centroamérica a comprobar una leyenda urbana entre los sommeliers: en Panamá se vende vino a mitad de precio.

Panamá es el foco de atención en estos días por sus buenos precios, sus paisajes verdes abundantes y toda la mercancía que los barcos dejan en contenedores a menos precio del habitual. Aunque parezca una casualidad, este país centroamericano es el paraíso del vino, allí se puede encontrar todo lo que se imagina y desea, incluso más económico que en los lugares de origen. Podemos ver marcas súper toscanas como sasicaia y tignarello, españolas de lujo como Vega Sicilia Único, vinos chilenos de calidad suprema como Almaviva y otros de primera línea a un precio un 60% más bajo que en México.

Me he llevado una muy grata sorpresa, me encontré con joyas de “lo más top” de los vinos, como Petrus, Chateau Margaux y unos excelentes Grand Cru Classes a menos de la mitad de precio. Platicando con Fernando Motta, uno de los dueños de la casa de vinos más grande —Felipe Motta—, me decía que en sus bodegas alberga alrededor de treinta mil etiquetas y parte de ellas son remanentes de carga de los diferentes barcos que pasan a través del canal de Panamá y proceden de países vitivinícolas. Es un éxito comprar allí, resulta todo un negocio, ya que los vinos tienen solo el diez por ciento de impuestos internos.

Muchos de ustedes se preguntarán que beneficios tienen y la respuesta es que para los que disfrutamos de vinos de altísima calidad estas compras son como hallar el Santo Grial, podemos pasear por la ciudad de Panamá y entrar a muchos bares en los cuales podemos tomar el vino que se nos antoje a un precio irrisorio, tanto en botella como por copa, y llevarnos de una de las mejores tiendas de vino del mundo las “joyas” que deseemos.

Plan de viaje

Si piensa hacer un viajecito por Centroamérica, no se olvide pasar por Felipe Motta, un lugar que, además de tener un sommelier exclusivo de planta que te va aconsejando y dando a probar cuanto vino en ese momento te apetezca, como regla de la casa está permitido abrir la botella que el cliente pida, no importa el precio de venta. Su eslogan dice: “Vendemos sonrisas y regalamos felicidad”. Aquí entre nos, pude degustar varios vinos que no pude haber probado antes por ser inalcanzables en precio, pero eso será parte de otra historia.

Mejor tomo el avión de regreso y nos vemos la próxima semana, viene un festejo muy particular en el mundo del vino.

¡Salud y viva el vino!

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