Toda relación interpersonal de cercanía física y emocional puede provocar una sensación y experiencia de apego y tal sensación puede generar un lazo o vínculo afectivo.
El apego puede ser —como platicamos hace unas semanas atrás— de dos estilos: seguro o saludable e inseguro u obsesivo.
En cualquiera de los dos estilos de apego, el lazo o vínculo afectivo pueden ser de cinco tipos:
Vínculo familiar: se refiere a los lazos afectivos que se establecen entre los miembros de la familia ya sea nuclear o extensa.
Vínculo filial: se trata de un vínculo entre padres e hijos —y por extensión entre abuelos y nietos— basado en el amor incondicional, en el cuidado y la responsabilidad compartidas a lo largo de toda la vida.
Vínculo fraternal: es el vínculo afectivo entre hermanos que requiere la confianza compartida, la cercanía física y la conexión emocional constantes.
Vínculo de amistad: se trata de un vínculo afectivo que requiere confianza y acompañamiento incondicionales entre dos o más personas y está basado en una decisión del todo libre y voluntaria de las partes.
Vínculo romántico: se establece entre dos personas al desarrollarse una atracción física que, por una conexión emocional intensa y estable, suele desarrollar un vínculo sexual; de manera particular este vínculo requiere de un fuerte sentido de responsabilidad y honestidad.
Es importante resaltar que la profundidad y durabilidad de tus vínculos afectivos, en cualquiera de sus cinco tipos, dependerá que éstos hayan sido generados por un apego seguro y saludable.
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. Tutor Salud Mental
