Isabel Allende con Perla, la perrita rescatada que protagoniza su primer libro infantil ilustrado
Isabel Allende con Perla, la perrita rescatada que protagoniza su primer libro infantil ilustrado

Los ojos de Perla le dan en las fotografías una expresión de desconfianza, asombro y serenidad. Es, según la describe Isabel Allende, una “rata de alcantarilla, imposible más ordinaria” que “se cree una princesa”.

Perla es una de las mascotas rescatadas de la escritora chilena y “gruñe y ladra como perro policial, si no la ves crees que detrás de la reja hay un mastín”.

De ella, confiesa la autora, “hemos aprendido a tener confianza en uno mismo” porque “Perla se expande, ocupa un espacio más grande que ella”.

Se entiende por esas razones que Allende la eligiera como protagonista de su primer libro infantil ilustrado, “Perla, la súper perrita” (Penguin Kids), que pasado mañana llega a librerías.

En la historia, el canino vive con la familia de Nico, un niño que vive acoso escolar, experiencia que no le cuenta a sus padres. Perla echará mano de sus dos superpoderes —“puedo hacer que todos me quieran” y “puedo rugir como un león”— para enseñar al pequeño a defenderse.

Allende espera que el libro dé a las familias la oportunidad de hablar del bullying, porque “cuando el niño se siente víctima no habla del problema, primero porque tiene vergüenza, después porque tiene miedo”.

La idea se la dio una anécdota de Perla:

“Fuimos al parque, se soltó un perro grande, la atacó y antes de que yo alcanzara a abrirme de brazos ante el mastín ella se dio vuelta y lo enfrentó con todos los pelos parados, gruñendo como un león y espuma por la boca. El perro grande se dio media vuelta y echó a correr”.

“Los abusadores son cobardes”, reflexiona la escritora; “cuando uno los enfrenta escapan. Siempre abusan del más débil, del más pequeño, y si pueden tienen una pandilla, solos no se atreven. El mensaje de esto es que el abusador es cobarde y hay que enfrentarlo”.

Para afrontar el bullying dice también que “hay que ocupar su espacio, meter ruido, agrandarse, porque mientras más te achicas más te victimizan y te va peor”.

Isabel Allende, quien ayer sostuvo un encuentro virtual con medios, entre ellos el Diario, reconoce el papel fundamental que juega la literatura infantil en la formación de valores, siempre y cuando se haga “sin estar predicando”.

“Los niños, igual que los adultos, quieren descubrir la verdad, no quieren que les des con la Biblia en la cabeza”, señala. “Traté de escribir esta historia desde el punto de vista de Perla para que no pareciera que estoy predicando al niño. Yo no tengo nada que enseñarle, lo único que puedo es mostrarle un camino”.

Respaldo familiar

No era su intención dar lecciones, pero hay quienes las encuentran en la historia, como que la mamá de Nico le creyera que era acosado.

“Me parece importante que el niño no se sienta solo, eso le puede dar más seguridad para hablar de lo que le pasa, porque si no siente apoyo en sus propios padres ¿a quién se lo va a decir?”.

“Me crié en una época y en un lugar donde no había la idea de estimular a los niños. Los niños crecían como la maleza, algunos sobrevivíamos y otros no (ríe)… Me enseñaron a leer muy chiquita, tenía unos cuatro o cinco años y ya leía. Recuerdo el primer libro que leí sola, fue un libro de hadas escandinavas. Luego empecé rápidamente a leer literatura que hoy día se considera para jóvenes, como Jack London, Oscar Wilde. Me sirvió muchísimo porque además era una niña muy solitaria, introvertida y tímida. Fueron los libros mis grandes compañeros”.

“Hoy que vivimos una época digital los niños tienen miedo de la página, los jóvenes sobre todo. Están acostumbrados a leer en una pantalla. Creo que el medio no importa tanto, lo que importa es lo que te da la literatura y esa necesidad va a existir siempre”.

“Cuando me dicen: ‘Los audiolibros, las pantallas y lo digital están reemplazando al libro’, es posible que esté reemplazando a la página pero no la necesidad de escuchar historias. Eso es más antiguo que la humanidad”.

La lectura en la infancia favorece también las relaciones afectivas, en opinión de Allende. “A esa edad te leen el libro y estás en la falda de tu madre, padre o maestro; la relación entre el afecto y la literatura puede durar toda la vida, el libro pasa a ser algo mucho más que un objeto, es una conexión con el cuento pero también con el afecto que te da estar sentado en la falda de alguien leyendo”.

La escritora, que cimentó su popularidad con títulos como “La casa de los espíritus”, “De amor y de sombra” y “Paula”, admite que escribir novelas para adultos le es más fácil que cuentos infantiles por su necesidad de expandirse en la narración, cuando en los textos para niños hay que ser breve y lineal.

“Pero aprendí que no tengo que decirlo todo en un libro para niños, el ilustrador pone la mitad del cuento”. En el caso de “Perla…” ella tuvo una “complementación fantástica” con la ilustradora mexicana Sandy Rodríguez.

De hecho, asegura, “las ilustraciones me gustan más que el texto”.

Se animó a escribir para niños pequeños para escapar del aburrimiento que le da repetir fórmulas.

“Me gusta el desafío de algo nuevo, de una novela histórica, de una novela literaria, de una memoria. Lo único que no puedo escribir son esos libros de autoayuda”.— Valentina Boeta Madera.

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