Presbítero Alejandro Alvarez Gallegos

Más que una actitud, la compasión debe ser una experiencia. De ninguna manera se debe considerar como un estado de humillación, es decir, muchas veces se puede entender como un empobrecer a la otra persona. La palabra compasión deriva del griego sympatheia, cuya etimología indica un sentimiento de simpatía, y del latín cumpassio, que enfatiza en la sensación de tristeza.

Padecer con, así podríamos traducir la compasión, no de “pobretearte”, sino de padecer junto a ti y contigo. Aunque no sienta lo mismo que tú, pero estoy junto a ti y contigo en la experiencia de sufrimiento o de dolor que estás viviendo.

Así, la compasión no se limita solo a las personas, sino que puede proyectarse hacia el medio ambiente, una situación vulnerable o, incluso, una experiencia propia. Uno puede tener compasión por uno mismo.

Me parece importante que, aunque la compasión viene de uno hacia el otro, sí debemos considerar que la otra persona esté en la disposición de recibir esa compasión y que la reciba como se la estoy dando. La otra persona debe recibir empatía, satisfacción, consuelo y esto a su vez le debe ayudar a que posteriormente viva la resiliencia.

Acercarse, compartir, si es necesario hablar y si la persona está en disposición dejarla hablar, la compasión viene acompañada de la capacidad de escucha, de saber escuchar. Es muy importante este aspecto de la compasión, porque aquí se vive la verdadera experiencia de la compasión, pues saber escuchar nos da la posibilidad de acoger y de sentir con, padecer con.

Si la persona es muy cercana a nosotros, entonces sí es posible que compartamos sus mismos sentimientos, sí es posible acoger de tal manera sus sentimientos y emociones que nos hagamos uno mismo con ella. Esto se da naturalmente, sin forzar nada ni controlar nada, es en definitivo una pequeña victoria, un auténtico logro.

En ocasiones, la prudencia nos puede obligar a no actuar, a no ir más allá, por timidez o precaución, pero si nos dejamos llevar por esto dejaríamos de hacer grandes cosas por los demás; así que atrevámonos a salir al encuentro del otro, que nos necesita.— Coordinador diocesano para la Pastoral de la Vida

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