“Ser obispo, más que un nombramiento, es una llamada, un ‘Ven y sígueme’ de Jesús a través de la Iglesia”, expresó monseñor Luis Tut Tun, obispo electo de Antequera, en Oaxaca.
“No piensen que ha sido fácil decir que sí, pues se trata de un camino totalmente nuevo y de dejar nuevamente Yucatán. Ustedes bien saben que la mayor parte de mi vida como sacerdote ha transcurrido sirviendo lejos de aquí, lejos de Yucatán, y ahora nuevamente el Señor me dice ‘Ven y sígueme en Oaxaca’, eso es ser sacerdote, es ser un misionero, uno que va y pregona el amor y el perdón de Dios en donde Dios mande”, expresó monseñor Tut Tun en la misa de acción de gracias por su 18o. aniversario de ordenación sacerdotal, celebrada anoche en la cancha parroquial de Nuestra Señora de la Natividad, en su natal Acanceh.
Monseñor Tut es el obispo más joven de México, en este momento.
A la ceremonia acudieron más de 500 personas, que ocuparon todos los asientos. El prelado estuvo rodeado de amigos, familiares, feligreses y sacerdotes.
Enseñanzas
En su homilía compartió que hace 18 años recibió la ordenación sacerdotal. “Cada 31 de julio nuestra madre Iglesia recuerda a san Ignacio de Loyola, un santo que desde la formación en el Seminario me acompaña con sus enseñanzas y en estos años como sacerdote también me acompaña en cada aniversario de ordenación”.
Explicó que San Ignacio tuvo la gracia de ver a Dios en todo: “Contemplarlo en la creación, como, por ejemplo, en una maravillosa Luna llena o en una hermosa puesta del Sol por la tarde, en las cosas que pasan en la vida, encontrarlo no solo en las ceremonias religiosas dentro de una iglesia, sino en las acciones de cada día y en cada acontecimiento de la vida. Los que han escrito sobre su vida dicen que una florecita lo conmovió hasta las lágrimas porque en ella vio la belleza de Dios. Y animó a sus compañeros a ver la gloria de Dios en todo, a encontrar a Dios en todo, a amar a Dios en todo”.
Consideró que el “encontrar a Dios en todo es muy importante para la vida espiritual de todos nosotros que somos católicos; así como san Ignacio, debemos aprender que Dios no es un ser solitario que está en el cielo apartado de nosotros; muy al contrario, es un Dios cercano presente en todo, y no solo presente, sino que actúa en todo, y está siempre en todo con su amor”.
Asimismo, para san Ignacio la búsqueda de hacer siempre la voluntad de Dios era importante para su vida, tenía muchas ganas de encontrarlo y por eso buscaba la voluntad de Dios en todo. “Era un hombre reflexivo, que estudiaba, examinaba y buscaba pacientemente la solución más correcta, una solución en la que estuviera presente Dios con su gracia. San Ignacio confiaba en poder encontrar la voluntad de Dios a través de la oración, en los consuelos y desolaciones del espíritu.
“Cuando se trataba de cosas importantes y difíciles reflexionaba durante semanas, oraba ante el sagrario donde está Jesús Eucaristía, ofrecía misas, rezaba el santo rosario para poder encontrar lo que Dios quería de él.
“Así, la búsqueda de cumplir la voluntad de Dios fue muy concreta y su relación con Dios fue igualmente concreta. Esto nos enseña algo importante para nuestra vida de fe: que en toda buena y sólida decisión no puede faltar acercarnos a Dios por los diferentes medios que nos sean posibles y así nuestras acciones buenas serán para nuestro bien, para el bien de los demás y para la mayor gloria de Dios”.
Reflexión del Evangelio
El sacerdote retomó fragmentos del Evangelio.
“Las parábolas del tesoro y de la perla forman una misma cosa en el sentido de que contienen esencialmente la misma enseñanza, aunque con diferentes acentos y matices. Sucedía que, en la época de Jesús ahí en Israel, su tierra, se podían encontrar tesoros escondidos. A la gente que tenía mucho dinero o joyas la enterraban en tiempos de guerra y saqueos, y en ocasiones moría sin haber podido dar a conocer el escondite a familiares o amigos.
“Un granjero o tal vez un campesino que trabaja en un campo que no es el suyo descubre un tesoro de monedas y joyas. Sorprendido por su inesperada buena suerte y por su alegría muy grande decide vender todo lo que posee para comprar el campo y convertirse así en dueño del tesoro. El granjero o el campesino tenía que comprar el terreno donde encontró el tesoro porque la ley en ese tiempo no le permitía adueñarse del tesoro porque el tesoro estaba en un terreno que no era suyo. Comprando el terreno, el tesoro podía ser suyo.
“El mensaje es que el reino de Dios es un valor supremo, de una preciosidad única e inestimable. Vale la pena afrontar cualquier sacrificio y renuncia para obtenerlo para ser parte de ello. La parábola subraya la sabiduría de quien toma la decisión rápida y radical de apostarlo todo por el tesoro encontrado, sacrificando todo lo demás.
“La mayoría de las personas no consideran las cosas celestiales, las cosas de Dios, el reino de los cielos, como algo de gran valor. Las cosas de gran valor para la gran mayoría de las personas son las cosas terrenales y temporales, como una buena cuenta bancaria, una bonita casa y buena salud física. Pero el Santo Evangelio que hemos escuchado nos enseña que toda la riqueza de este mundo no es más que un montón de polvo comparada con la riqueza del reino de los cielos. En realidad, el tesoro del católico —o la perla preciosa— es Cristo mismo, que nos ofrece su amor y su amistad; por eso vale la pena ponerlo en primer lugar en la jerarquía de nuestros afectos y de nuestros intereses”.
Agradecido con Dios
En su mensaje, monseñor Tut compartió su sentir ante su nueva misión.
“Me siento muy agradecido con Dios por haberse fijado en mí, por llamarme, así como soy: un hombre con virtudes y defectos. Hoy después de 46 años de vida y 18 de sacerdocio solo puedo decir: gracias Dios, gracias Dios por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó, por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por esos corazones que me dieron amistad, cariño y amor. Gracias Dios por los fracasos y enfermedades que me hicieron fuerte y me ayudaron a ser más consciente que la vida depende de las bendiciones del cielo. Gracias Dios, gracias por todo”.
Aseguró que es un gran honor y motivo de alegría ser elegido como obispo, “servir en la Iglesia como obispo es algo especial y bonito, pero ustedes bien saben que ello conlleva mucha responsabilidad y muchos desafíos y esto me causa un cierto temor. Sin embargo, confío en la presencia e inspiración del Espíritu Santo y en las valiosas oraciones de ustedes para ser en Oaxaca un Buen Pastor a imagen y a semejanza del Señor”.
Monseñor Tut Tun celebró con los padres Armín Rivero Castillo, párroco de Acanceh; César Amílcar Carrillo Gómez y Jorge Martínez Ruz, y el diácono permanente Miguel Ángel Tun Tun, primo de monseñor Luis Tut, quien en el inicio de la misa pidió que fuera una noche de oración por el sacerdocio y por los sacerdotes yucatecos que cumplieron este día sus aniversarios sacerdotales.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
De un vistazo
Ordenación sacerdotal
Monseñor Luis Tut Tun celebró anoche el aniversario de su ordenación sacerdotal, ministerio que recibió de manos del entonces arzobispo de Yucatán, monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, en la fiesta de san Ignacio de Loyola.
Coros
Los coros Santa Inés Guadalupe, de Akil, y Cristo Rey, de Kancab, armonizaron la misa.
Ordenación
La ceremonia de ordenación episcopal será el jueves 22 de agosto, a las 11 a.m., en el Auditorio de la Guelaguetza de la ciudad de Oaxaca, con capacidad para 12 mil personas, como hemos informado de manera previa.



