• La italiana Angela Carini solicita detener la pelea con Imane Khelif a los 46 segundos de empezar el encuentro, anteayer en Villepinte, Francia
  • La taiwanesa Lin Yu-ting, también cuestionada por su genética, durante la pelea con la uzbeca Sitora Turdibekova, a quien venció ayer

MADRID.— La participación en los Juegos Olímpicos de París de la boxeadora argelina Imane Khelif reabrió el debate sobre la competencia deportiva de mujeres con diferencias genéticas y hormonales, una discusión que viene de largo y que desató una ola de odio contra una deportista que en ningún momento se ha identificado como trans.

La polémica surgió cuando la púgil italiana Angela Carini pidió retirarse de su combate contra Khelif alegando fuerte dolor tras los golpes de su adversaria, pero la opinión pública dio otro motivo para la retirada: la descalificación de la argelina de los Mundiales de Boxeo en 2023 tras no superar una prueba de género, que determinó “ventajas competitivas” sobre sus rivales.

También se vio afectada la taiwanesa Lin Yu-ting —quien tuvo ayer su primer encuentro, que ganó—, a quien, como a Khelif, no se le sometió a un examen de testosterona, “sino a una prueba independiente y reconocida, cuyos detalles se mantienen confidenciales”, según un comunicado de la Federación Internacional de Boxeo (IBA).

Intersexualidad y Transexualidad

El caso de Khelif recuerda al de la exatleta española María José Martínez Patiño, quien en 1985 fue descalificada de la Universiada de Kobe tras un análisis sanguíneo que determinó que tenía cromosomas XY, propios de los hombres.

La exatleta española María José Martínez Patiño

El diagnóstico de la atleta fue el de síndrome de insensibilidad a los andrógenos (SIA): personas con cromosomas XY pero resistentes a los efectos de los andrógenos, hormonas sexualmente masculinas.

Ella es una persona intersex, un “concepto paraguas que recoge muchísimas diferencias”, indica Jonathan Ospina-Betancurt, profesor de la Universidad de Valladolid y experto en Intersexualidad y Transexualidad en el Deporte.

Esta condición, añade, puede afectar tanto al sexo biológico como al cromosómico, hormonal o gonadal, entre otras características.

No se puede clasificar a las personas exclusivamente por unos cromosomas, por una carga genética o por unos niveles de testosterona concretos porque no existe un estanco perfecto para las categorías de hombre y mujer”, subraya.

En los últimos años se han dado casos similares al de Khelif y Martínez Patiño: la sudafricana Caster Semeya y la india Dutee Chand, mujeres cisgénero (nacidas mujer) diagnosticadas con hiperandrogenismo, condición que las hace sobreproducir testosterona.

La sudafricana Caster Semeya

Para Ospina-Betancurt, todas cumplen el mismo patrón: “No se adaptan al estereotipo femenino perfecto de la sociedad occidental”.

“Todos los casos han sido de mujeres del sur global, incluso el de Martínez Patiño, que en ese momento venía de una España en desarrollo que ni siquiera formaba parte de la Unión Europea”, recuerda.

Coincide con ello Daniel J. García López, doctor en Derecho, cuyo trabajo se centra en los márgenes de la sexualidad jurídica y quien alerta del riesgo de “imponer un tipo corporal concreto como si fuera un tipo global”.

Ventajas genéticas en el deporte

Para Martínez Patiño, estos casos han saltado a la palestra “porque son atletas de Argelia y de Taiwán”.

“Si hubieran sido de otros países nadie hubiera dicho nada”, considera la atleta, que desde 2012 forma parte del panel de expertos de la comisión médica del Comité Olímpico Internacional.

A esto se suma su condición de mujeres, añade García, quien compara la supuesta ventaja de las atletas con hiperandrogenismo con la de otros deportistas de élite, como el nadador estadounidense Michael Phelps, cuyo cuerpo produce la mitad del ácido láctico de un atleta típico, lo que le hace sentirse menos cansado que sus contrincantes.

A él le dicen que tiene mucha suerte por esa condición y a ellas se las descalifica”, lamenta el jurista, que recuerda que los reglamentos establecen un nivel de testosterona inferior a cinco nanomoles por litro en sangre para quienes quieran competir en categoría femenina, pero no hay limitaciones similares en las categorías masculinas más allá de los controles de dopaje.

“Las que han estado en escrutinio siempre son las mujeres porque se considera que un hombre sí puede ganarles, pero ellas nunca pueden ganar a un hombre”, advierte Ospina-Betancurt.

La polémica desembocó en redes sociales con mensajes como el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien habló de “abolición de la mujer”, y la experiodista deportiva Paloma del Río, quien declaró que “si tus cromosomas son XY eres hombre”.

Elena Valenciano, exdirigente socialista y presidenta de la Fundación Mujeres, defendió la injusticia de “desarrollarse como hombre con la aportación de las hormonas masculinas” para luego “autodefinirte como atleta femenina”.

Desde el otro extremo, Víctor Gutiérrez, secretario LGTBI del PSOE, recuerda que Khelif “no es una mujer trans” y “no hay ninguna mujer trans compitiendo en los Juegos Olímpicos”.

La escritora y activista trans Alana S. Portero subraya que Khelif participó en los Juegos de Tokio 2020 y no logró pasar de cuartos de final, pese a su supuesta ventaja hormonal.

“El COI analiza la elegibilidad de las deportistas con lupa y deja a las federaciones internacionales el trabajo de garantizar que la persona que participa cumpla todos los requisitos”, apunta Martínez Patiño, quien defiende que “hoy en día en los Juegos Olímpicos no participa nadie que no los reúna”.

“Es imposible que alguien pueda intentar engañar al Comité”, aclara.

¿Por qué se suspendió a Imane Khelif de un mundial de boxeo?

La prueba que descalificó a Khelif del mundial fue realizada por la IBA, que no organiza la competencia de boxeo en la cita olímpica de París al ser suspendida previamente por el COI por irregularidades financieras y en el arbitraje de las peleas.

Los resultados no salieron a la luz por confidencialidad, pero diversos medios rusos replicaron un mensaje del presidente de la IBA, Umar Kremlev, quien aseguró que ambas boxeadoras tienen cromosomas XY y no XX.

El COI, por su parte, defiende que “todos los deportistas que participan en el torneo de boxeo” de los Juegos “cumplen con las normas de elegibilidad y de inscripción de la competición, así como con todas las normas médicas aplicables establecidas por la Unidad de Boxeo de París 2024”.

“Estas dos deportistas fueron víctimas de una decisión repentina y arbitraria de la IBA”, resalta el COI, que critica la ausencia en el reglamento de la federación de “un procedimiento claro sobre las pruebas de género”.

Tanto García como Ospina-Betancurt alertan de una última cuestión: ¿qué pasará cuando Khelif vuelva a casa?

“A nosotros mañana se nos olvidará, pero estas deportistas tienen a 200,000 millones de personas viéndolas y la duda sobre ellas ya ha sido sembrada. Muchas deportistas que han sufrido este acoso mediático y social han terminado bastante mal en lo relativo a su salud física y mental”, alerta Ospina-Betancurt.

García lamenta que se ataque la intimidad de la boxeadora, a quien “prácticamente se le está obligando a declarar qué es” cuando “en la legislación argelina no hay posibilidad de cambiar de sexo” y la comunidad LGTBI+ está perseguida.