Desde su juventud, el padre Sebastián Castro Lara decidió servir a su pueblo a través del sacerdocio. El originario de Tekit tiene 93 años de edad y apenas el miércoles pasado celebró 70 años de ordenación sacerdotal.
El padre Sebastián Castro goza de buena salud y tiene a su lado a sus dos hermanos, el padre Juan, de 97 años de edad y quien ayer celebró 72 de ministerio sacerdotal, y Celsa, de 84.
El padre Sebastián nació el 20 de enero de 1931 en el seno del matrimonio que formaron Manuel Castro González y Antonia Lara Campos.
Estudió la primaria en el Colegio Iberoamericano de Mérida. Al Seminario Conciliar de Itzimna ingresó en 1945. Recordó que en esos años Itzimná era monte, con casonas en las que la gente iba a pasar el verano, en lugar de ir al puerto.
La casa del Seminario se compró ese lugar por estar lejos de la ciudad. “De hecho, mi primer párroco me decía ‘voy a Mérida’ porque estábamos en Itzimná, era un ‘pueblito’”.
Rememora con cariño cuando fue párroco en Oxkutzcab de 1968 a 1978, tiempo en el cual hubo un movimiento que se llamaba Convivencias Cristianas. “Alguien nos dio el método, nosotros lo mejoramos; había para jóvenes, señoras, para todos”, recuerda.
“La parroquia se llenaba de jóvenes; después de dos días de aprender se apuntaban para algún servicio en la parroquia, ya sea en el coro, misioneros o vicentinos”. Durante las vacaciones iban a misionar a los ranchos, señala.
También tiene recuerdos de la comunidad católica de la colonia Miguel Alemán de Mérida, en cuyo servicio estuvo durante 13 años.
Después de tantos años de ministerio, cuando los obispos cumplen 75 años ya son eméritos “y yo todavía sigo porque, si lo dejo, quién sabe qué me pasaría; yo le preguntaba a mi papá por qué salía a desyerbar y él me contestaba que necesitaba eso para estar activo”.
El padre Sebastián disfruta mucho de la lectura y reflexión.
Regresar al Evangelio
El sacerdote opina que los jóvenes de hoy necesitan regresar al Evangelio.
Advierte que hay muchas satisfacciones pasajeras que distraen y por eso no ofrecen una respuesta vocacional.
Las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada han disminuido, en opinión del padre Sebastián, “porque ya no hay familia, ya no nacen niños y en lugar de ello tienen perritos; no es que esté mal, pero no hay familia y la familia que reza unida permanece unida”.
El veterano sacerdote invita a los jóvenes a dedicar un poco de su tiempo a servir a la Iglesia como misioneros por medio del buen ejemplo y pensar en su vocación.
“La vocación cristiana la tienen todos, pero la pregunta es ¿qué voy a hacer con esta vocación’; inmediatamente notas dónde está el cristiano: donde hay amor”, subraya.
Al llegar a los 70 años de vida sacerdotal lo que pide a Dios es la perseverancia.
Dice que “fue una bendición de Dios” ser sacerdote. “Mis padres eran muy piadosos, en la casa del pueblo de Tekit se decían misas a las 4 de la mañana por la persecución religiosa; tal vez por eso fue bendición de Dios”.
El pasado miércoles, durante la misa de acción de gracias por su aniversario sacerdotal, la cual fue presidida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la iglesia del Sagrado Corazón, el padre Sebastián Castro declaró que el sueño de todo seminarista es ser sacerdote, “también es gracia de Dios que llegue o no llegue; ahí tienen a quien les ayuda a ir discerniendo”.
Para permanecer fiel en la vocación es importante la oración y lectura de la palabra de Dios. “Uno tiene que prepararse para comunicar, es un momento muy especial volver al Evangelio”.
También es importante la devoción a la Virgen María y el rosario, agrega. “Pueden faltar muchas cosas, pero el rosario es el signo de una perseverancia”.
Servicios
El padre Sebastián recibió el orden sacerdotal el sábado 18 de septiembre de 1954 en la Catedral de Mérida, de manos del entonces arzobispo de Yucatán, monseñor Fernando Ruiz Solórzano. En la ceremonia también recibieron el orden sacerdotal Jorge Villanueva y Luis Gómez, ambos ya fallecidos.
Después de recibir el ministerio fue vicario parroquial de Itzimná de 1954 a 1958, y de Ticul de 1958 a 1960.
Fue administrador parroquial en Santa Ana en 1960 y en Ixil hasta que fue nombrado párroco de Dzitás en 1961, un servicio que concluyó en 1964.
Sirvió como párroco de Progreso de 1964 a 1968; de Oxkutzcab, de 1968 a 1978; de Espita, de 1978 a 1989, y de Tekax, en 1990.
En la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de la colonia Miguel Alemán de Mérida, sirvió de 1991 a 2004. En Nuestra Señora de Fátima sirvió de 2004 a 2008; en la colonia Yucatán, de 2008 a 2016.
Luego fue nombrado canónigo de la Catedral de Mérida, un servicio que concluyó con la llegada de la pandemia. “El Arzobispo nos dijo: ‘Vayan a descansar’”.
El sacerdote sigue sirviendo como capellán del Colegio Educación y Patria y también apoya en la rectoría de San Nicolás de Bari.
Los festejos de aniversario se iniciaron el domingo pasado en el convento de las Madres Guadalupanas, donde celebra la misa de las 11 a.m. El miércoles pasado lo celebró en la parroquia del Sagrado Corazón. Hoy sábado, en la rectoría de San Nicolás de Bari, oficiará la misa de las 7 p.m. como es costumbre y después la comunidad compartirá un pastel con el sacerdote.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
“La vocación cristiana la tienen todos, pero la pregunta es ¿qué voy a hacer con esta vocación?; inmediatamente notas dónde está el cristiano: donde hay amor”
