Keisdo Shimabukuro es un artista mexicano de origen japonés que ha encontrado en la técnica ancestral conocida como Gyotaku una profunda conexión consigo mismo y con la naturaleza.
A través de esta práctica, que consiste en crear impresiones de peces utilizando tinta y el propio cuerpo del animal, Shimabukuro no solamente expresa su creatividad, sino que también encuentra sanación y un sentido de pertenencia.
Al vincularse con pescadores locales y capturar la belleza de la vida marina en sus obras, el artista celebra la tradición japonesa y fortalece los lazos con las comunidades costeras de México.
A través de sus manos, la vida marina se transforma en arte, y los pescadores encuentran un nuevo valor en sus capturas.
“Esta técnica se inventó a principios de 1800. En su origen, lo que se quería era tener un registro de las mejores capturas de los pescadores, les ponían tinta sumi —la tinta que se usa para la caligrafía japonesa—, se distribuía la tinta y se colocaba un lienzo de tela o papel arroz sobre él, se frotaba y al retirar el lienzo quedaba marcada la huella. Gyo significa pez y taku, frotar, por eso es Gyotaku”, explica al Diario.
El arte de Keisdo Shimabukuro
Tras una larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos, Shimabukuro experimentó un desgaste emocional profundo debido a la exigencia de su trabajo. Buscando un refugio y una forma de reconectarse consigo mismo, descubrió en la técnica Gyotaku una vía para sanar y un nuevo propósito.
A través de sus impresiones de peces, el artista no solo celebra la belleza de la vida marina y la riqueza de los ecosistemas de México, sino que también utiliza su arte como herramienta para generar conciencia sobre la importancia de proteger los océanos y las comunidades que dependen de ellos.
“Cuando salgo con los pescadores, mientras estamos pescando ellos me van contando sobre los nombres comunes de los distintos peces que capturan, en qué temporadas los capturan, cómo lo hacen; ellos mismos me comentan: ‘Mira esta especie, antes no estaba aquí y desde que llegó se acabó esta otra’; entonces ellos tienen muchísima información, conocimiento empírico que resulta sumamente valioso e importante y es algo que busco rescatar”.
La relación de Keisdo con los pescadores va más allá del simple intercambio laboral.
Al compartir su conocimiento del Gyotaku, el artista asiático fomenta un intercambio cultural que empodera a los pescadores, haciéndoles valorar su oficio y sus tradiciones.
Esta interacción les brinda una nueva perspectiva sobre su trabajo y les ayuda a afrontar los desafíos del sector pesquero con mayor confianza.
La jornada de pesca se convierte en una experiencia enriquecedora que combina arte y gastronomía.
Los pescadores participan activamente en la creación de las impresiones Gyotaku, utilizando tintas naturales y apreciando la diversidad de la vida oceánica.
Al final, comparten una comida preparada con el pescado capturado, lo que fortalece los lazos entre ellos y celebra su conexión con la naturaleza.
“Durante este proceso, al convivir con los alimentos, alcanzamos niveles de comunicación muchísimo más profundos y en ocasiones los pescadores me van compartiendo lo que para algunas familias de pescadores representa sobrevivir en condiciones de pobreza extrema o cómo les está afectando el cambio climático”, dice.
Desde el imponente tiburón martillo hasta la delicada sardinita mexicana, pasando por la voraz barracuda y el ancestral pejelagarto, la técnica Gyotaku ha capturado la esencia de una amplia gama de especies marinas mexicanas.
Estas impresiones, verdaderas obras de arte, conforman un atlas visual que nos revela la asombrosa diversidad de nuestra fauna acuática y nos invita a valorar la riqueza de nuestros ecosistemas marinos.
“Tienes una impresión natural del tamaño del pescado, no se puede inventar el tamaño. Lo que ves en el lienzo es el tamaño de la especie”, explica.
“Me encanta cómo se van marcando las escamas, las espinas de las aletas en ocasiones, los dientes; lo único que podemos pintar con un pincel de manera posterior es el ojo”.
El mexicano de origen japonés explica que, “como herramienta de divulgación es muy llamativa porque la gente ve un Gyotaku y no sabe si es una fotografía, una ilustración o un dibujo”.
“Entonces se acerca y empieza a leer la información y cuando se entera que es un tipo de impresión natural queda maravillada. Además de que tienes la huella perfecta del pescado, tú tomas el lienzo y huele a pescado, entonces es algo real”, manifiesta.
Esta forma de plasmar las huellas de las especies marinas le ha inspirado y reforzado a Shimabukuro el sentido de la responsabilidad, así como la conciencia de las cosas que le rodean.
Considera que mostrar los resultados obliga a pensar en las consecuencias de nuestros hábitos de consumo y del poco valor que se le concede a la vida.
“Para mí ha resultado no solamente una oportunidad de recuperarme de toda la violencia que vi durante tantos años, sino para darme cuenta que las personas están siempre con ánimo de construir, de crear, de organizarse, de platicar, de reírse; está en cada uno de nosotros”, apunta.
El artista mantiene comunicación constante con los pescadores y suelen mandarle imágenes de su jornada laboral, de su día a día y hasta de lienzos que empezaron a formar.
El trabajo de Shimabukuro no ha sido en vano y espera pronto llegar a las costas yucatecas.
El Gyotaku no es el fin sino el medio, importa el contexto que se le da, la historia de cada pescador, de la especie impregnada, la conexión que se ha forjado por la convivencia con los pescadores y que al final termina siendo un proyecto titulado “Gyotaku Do”, en el cual el significado de Do es camino.— Sofía Vital Chablé
“Cuando salgo con los pescadores, mientras estamos pescando, ellos me van contando sobre los nombres comunes de los distintos peces…”
