MADRID (EFE).— Una amarga ruptura amorosa, un cáncer y una etapa de adicción “a todo”. Tres fueron las grandes “caídas” de La Mari, el alma del grupo español Chambao, necesarias, según ella, para despertar y llegar al momento consciente en el que se encuentra ahora.
Reconoce que vivió un proceso de “vulnerabilidad” y reconstrucción que relató en un libro.
“Aquella mañana hacía mucho frío, y no solo porque me encontraba en un lugar cubierto de nieve, sino por lo sola, triste y perdida que me sentía. Era domingo 30 de enero de 2022. Ante los ojos del mundo, yo era una mujer a la que le iba bien la vida… Sin embargo, debajo de esa máscara, yo temblaba”, escribe en los primeros capítulos de “En la cresta del ahora” (Alienta Editorial).
El título coincide, y no por casualidad, con el más reciente álbum que publicó en 2023. “Ambos te dan herramientas para aprender a vivir el presente”, explica María del Mar Rodríguez (1975) en una entrevista en la que califica estos dos ejercicios como terapéuticos para ella misma y, a la vez, como “un acto generoso”.
“Es también un ‘me voy a vaciar’ y voy a mostrar que estoy en reconstrucción y así también yo me afianzo en ello”, apunta sobre su libro que, subraya, “no te va enseñar nada que no conozcas, pero que tiene el potencial de hacer preguntas, alguna puede que incómoda”.
“No puedo ayudar a todo el mundo, pero me puedo ayudar a mí. si cada persona se tomara el tiempo para mirar hacia dentro, a estar en soledad y preguntarse qué va consigo.”, reflexiona.
Para defender la importancia de todo ello, parte de “tres tropiezos o meteduras de pata”. “Tres veces en que toqué fondo en mi vida”, remarca, la última de ellas, la que le llevó a una vida de descuidar su salud y rozar límites, de alcohol diario, “de adicción a todo”.
“Hay muchas sustancias y algunas socialmente aceptadas, como el celular, por lo general están encubiertas. Y de ahí es de donde salí, de esconderme, de mentir, de taparme, de disfrazarme. Hoy siento libertad… Antes creía que era libre y no lo era”, admite tras haberse sincerado con sus padres.
Como parte de una familia con recursos muy humildes y cuatro hijos entre los que repartirlos, incluida la atención, reconoce que esas carencias se manifestaron en su edad adulta en una búsqueda del cariño ajeno.
“Compré amistades, compré familiares, he sido la prestamista, a veces con donaciones, porque fue un dinero que no volvió. Aprendí en ese sentido. No me avergüenzo, pero tampoco me enorgullezco de este punto. Me costó abrazar esa negrura de mí que puede llegar a ser muy oscura”, confiesa.
En cualquier caso, esta música con un máster de dos años en “coaching” de inteligencia emocional y formación en programación neurolingüística abraza todo lo vivido y el aprendizaje que ha supuesto. “Si no te dejas caer, si no te rindes (a los hechos), no llega la reconstrucción”, destaca.
Sea como fuere, La Mari se siente ahora en un gran momento no solo vital, sino también especialmente fértil en lo musical, con un buen puñado de nuevas canciones publicadas este mismo año.
“El miedo se come a la creatividad y cuando el miedo se mastica, comprende y abraza, se disipa, y llega la creatividad”, concluye con una sonrisa.
