Participante en el estudio de Neurensics observa el original de “La joven de la perla”, de Jan Vermeer
Participante en el estudio de Neurensics observa el original de “La joven de la perla”, de Jan Vermeer

LA HAYA.— “Claramente, algo sucede en nuestros cerebros con esta obra en particular que hace que gente del otro lado del mundo, Japón o Estados Unidos, venga a experimentarla”, declara Martin de Munnik, cofundador de Neurensics, sobre las emociones que despierta “La joven de la perla”.

La pintura de Jan Vermeer está expuesta en el museo Mauritshuis de La Haya.

De Munnik y otros investigadores de Neurensics —agencia independiente especializada en neurociencia del consumidor— “quisimos saber qué la hace tan especial en comparación con otras pinturas”, reporta EFE.

En realidad, todas las pinturas analizadas en reciente estudio “mostraron en su forma real una necesidad de ser apreciadas mucho mayor que las mismas en reproducción” y esto indica que la observación del arte despierta una reacción emocional “poderosa”, algo en lo que también influyen factores como la ambientación, el marco y la iluminación.

Pero en comparación con las otras pinturas, detrás de “La joven de la perla” hay “un fenómeno neurológico particular” y es que el espectador es “atrapado” en algo llamado como “bucle de atención sostenida”, lo que hace que la persona se quede más tiempo mirándola en comparación con cualquier otra analizada en el trabajo.

El encuentro entre el espectador y la joven se da por pasos: el visitante primero observa los ojos y la boca, como suele ocurrir con las caras, y luego se dirige hacia la perla, llevando la atención de nuevo a los rasgos faciales, para luego volver a la perla, y así sucesivamente.

Al observar el cuadro de Vermeer, la parte del cerebro más estimulada es la precuña, involucrada en la conciencia, la reflexión y los recuerdos de experiencias personales.

“Sabíamos que la joven era especial, pero el porqué fue una sorpresa para nosotros. El bucle de atención sostenida es la explicación detrás de todas las opiniones sobre la atención que la joven nos exige. Un impacto que se intensifica cuando la obra se admira en un museo”, subraya De Munnik.

Por su parte, Erik Scherder, profesor de neuropsicología en la Universidad Libre de Ámsterdam, subraya que “observar el arte estimula el cerebro en diferentes niveles, provoca emoción, fomenta la fantasía y te hace reflexionar sobre lo que ves” y, como demuestra este estudio, “es una experiencia enriquecedora que activa el cerebro de manera óptima”.

Es cada vez más habitual encontrarse copias e interpretaciones de obras de arte en tazas, cuadernos, carpetas, objetos de decoración, entre otros, y “se podría pensar que las obras auténticas pierden relevancia, pero es todo lo contrario: lo auténtico se vuelve cada vez más importante”, señala Vera Carasso, directora de la Asociación de Museos.

La investigación se llevó al cabo en dos fases. La primera incluyó a diez personas, que usaron un rastreador ocular y un casco portátil de electroencefalograma, y recorrieron el museo observando las pinturas y luego vieron tres reproducciones en la biblioteca del Mauritshuis.

Después, otras diez personas realizaron la misma prueba pero a la inversa, observando primero las copias y después visitando el museo. Los participantes tenían entre 21 y 65 años y algunos habían visto la obra antes, mientras que para otros era su primera vez.

En la segunda fase del trabajo se realizaron escáneres cerebrales de resonancia magnética funcional (fMRI) en la Universidad de Ámsterdam a 20 personas mientras observaban reproducciones de las cinco pinturas del Mauritshuis.

“Vemos reproducciones de pinturas famosas por todas partes, especialmente de ‘La joven de la perla’ de Vermeer. Este estudio demuestra definitivamente que una visita al Mauritshuis o a otros museos tiene un gran valor emocional añadido”, concluye Martine Gosselink, directora general de la pinacoteca.

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