• Nave de la Catedral de Santa María la Real de Pamplona donde se exhiben los vestidos de Balenciaga
  • Detalle de uno de los diseños de manga larga y cauda diseñado por Cristóbal Balenciaga
  • La elegancia de los vestidos se eleva en la Catedral; a la izquierda, Paloma Loewenthal, quien usó una de las prendas

PAMPLONA (EFE).— La Catedral de Santa María la Real de Pamplona acoge una exposición de vestidos de novia originales de Cristóbal Balenciaga, que incluye diez piezas de alta costura creadas por el diseñador español entre 1922 y 1966.

En la exposición se pueden ver los trajes nupciales colocados de manera individual, que son testimonio de los diferentes estilos y técnicas de Balenciaga.

Uno de los trajes, de 1966, consiste en un espectacular diseño en gazar marfil calado y bordado, con escote a la caja y manga japonesa larga. Destaca por su cuerpo entallado y falda de bajo asimétrico.

A través de una estudiada museografía, “Balenciaga inolvidable” propone un diálogo entre el espacio, único y singular, de la catedral, símbolo y estandarte del patrimonio artístico y cultural de la ciudad de Pamplona, y las prendas de alta costura, confeccionadas como auténticas obras de arte. De este modo, espacio y obra se unen y transforman en un legado único que visibiliza la mezcla de diversidad y coherencia del arte en su máxima expresión.

Cristóbal Balenciaga (1895-1972) fue referente por su estilo innovador, su alto nivel de exigencia y su rigor profesional, lo que le concedió un prestigio internacional ampliamente difundido. Así, se pueden observar prendas artesanales elaboradas a mano, lentamente, y la riqueza de sus volúmenes trazados de manera singular y sus costuras invisibles, sellos indiscutibles del trabajo del modisto.

Trajes con historia

Cada uno de los 10 trajes que se presentan en la exposición son originales y, más allá de reflejar los diferentes estilos y tendencias de Balenciaga, tienen una historia detrás y están vinculados a mujeres de la alta sociedad que vivieron en el siglo XX.

Una de ellas es Paloma Loewenthal, quien viajó desde Argentina para estar presente en la inauguración. Loewenthal lució uno de los trajes de la exposición durante su boda y posteriormente lo donó al Museo Cristóbal Balenciaga porque “el traje debe volver a su dueño”. Se trata de un vestido en raso marfil con abalorios en las mangas, cuello a la caja y manga francesa rematada con flecos de cristal y seda.

“Lo que ves aquí es la realización de un sueño”, declaró Loewenthal, quien había pedido tres modelos de los mejores diseñadores de España y se los enviaron a Buenos Aires. “Los otros dos eran divinos, pero éste era espectacular”, manifestó. Al asistir a la muestra volvió a “sentir” lo que experimentó la primera vez que lo vio.

Otra de las piezas emblemáticas, que puede verse en el altar del refectorio, es el traje de novia de Sonsoles Díez de Rivera y de Icaza, hija de la Marquesa de Llanzol y principal benefactora de Cristóbal Balenciaga, quien impulsó sus primeros pasos como modisto.

La exposición estará abierta al público hasta el próximo domingo 13.

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