La noche del viernes, cálida y bañada por una suave luz de Luna creciente, fue escenario del reestreno de un proyecto teatral personal y emotivo.
En la intimidad de la Caja Negra de la UNAY, la directora y actriz Adriana Duch, especializada en Máscara Teatral, presentó “Mira la Luna: Un diálogo sobre la máscara”, homenaje a su maestro Jean-Marie Binoche, quien falleció en 2019.
Aquel año marcó el comienzo de un viaje emocional y creativo para Adriana. Con el guion en mano, ella deseaba compartirlo con Binoche, quien en sus últimos días residió en París. Sin embargo, la vida y la muerte intervinieron, y su maestro partió antes de poder ver culminado el sueño de su alumna. Desde ese momento, la obra se convirtió en un tributo al hombre que moldeó su camino artístico.
El tiempo y la pandemia retrasaron su presentación, pero 2024 trajo finalmente la oportunidad de llevar “Mira la Luna” al escenario.
En esta obra unipersonal, Adriana teje un diálogo imaginario entre ella y Binoche, quien aparece como una presencia fantasmal, una sombra que guía, cuestiona y reflexiona sobre el significado y el poder de la máscara. En contraste, aparece Juan, un personaje enmascarado que interactúa de manera imprevisible con el público, creando momentos llenos de vida y humor, para luego adentrarse en las profundidades de su propia introspección, donde las voces de sus creadores parecen debatir dentro de su mente.
Adriana, con un dominio escénico impresionante, interpreta cada uno de los personajes con precisión. Su control de la técnica, perfeccionada a lo largo de décadas como alumna y maestra, se hace evidente en cada gesto, cada movimiento, cada cambio de voz.
Montaña rusa
Con una sutileza notable, lleva al público a experimentar una montaña rusa de emociones: risa, melancolía, duda, sorpresa. Los diálogos con Binoche son profundos, pero es en los momentos más ligeros con Juan donde la obra alcanza un equilibrio fascinante entre lo filosófico y lo lúdico.
La puesta en escena utiliza el poder de la iluminación y el sonido para subrayar la trama. Un baúl, un biombo y las referencias a la Luna enmarcan los dilemas sobre la máscara: ¿el personaje crea la máscara o la máscara al personaje? A medida que la obra avanza, surge un tercer personaje, Rita, una sirena enmascarada que, con picardía, se entrelaza con Juan en una interacción inesperada y cómica, añadiendo una capa de diversión surrealista.
La presencia de Binoche, aunque ausente físicamente, se siente en cada rincón del escenario. Adriana logra hacer de su recuerdo algo tangible, casi palpable, un homenaje que trasciende lo teatral para convertirse en una conversación íntima y universal sobre el arte y la vida. El público, conmovido, no pudo evitar ponerse de pie al final, reconociendo la obra y a su creadora.
Al concluir la función, Adriana, ya sin máscaras ni personajes, mantuvo una conversación sincera con los asistentes. Agradeció la oportunidad de interactuar con la red de espectadores y los estudiantes de la UNAY, reflexionó sobre los desafíos que afrontó el teatro en la pandemia, y recordó que “el teatro se hace en el teatro”.
Fue un espacio de diálogo más íntimo en el que Adriana abrió el baúl personal hablando sobre su carrera, su vida y el legado de su maestro, y dejó a todos con la sensación de haber sido parte de algo más que una obra: testigos de la conexión humana a través del arte.— Darinka Ruiz Morimoto
