Es bien sabido que los corsarios también tuvieron presencia en las costas de la Península y su actividad se extendió hasta el siglo XIX.
Ayer, Carlos Roberto Gutiérrez Peraza, investigador del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis), habló de uno de aquéllos que durante el siglo XVI transitó por las costas de Yucatán.
Gutiérrez Peraza se refirió al corsario de origen francés Pierre Sanfroy, el cual fue citado como el primer reo juzgado por la Inquisición Novohispana.
Lo anterior fue parte de la ponencia que ofreció en una de las mesas que se llevan al cabo en el marco del Simposio Internacional de Historia y Arqueología Marítimas, en el exsanatorio Rendón Peniche, sede del Cephcis de la UNAM.
Su intervención, “Pierre Sanfroy, un corsario en las costas de Yucatán, siglo XVI. Fragmentos de vida a través de un proceso inquisitorial”, formó parte de la mesa “Historia social y cultural de las gentes del mar”.
“La historia inicia la noche del 20 de abril de 1571 cuando el gobernador y capitán general de las provincias y gobernación de Yucatán, Diego de Santillana, fue informado por un cacique de Hunucmá del arribo de alrededor de 30 hombres a la costa, quienes habían comenzado a saquear el pueblo”, explicó Gutiérrez Peraza sobre los ataques que el corsario galo emprendió en tierras yucatecas.
De acuerdo con lo que se describió, los corsarios franceses profanaron la iglesia de Hunucmá y causaron una fuerte preocupación en las localidades cercanas, como Mérida.
Fue tal el temor generado por estos delincuentes marítimos, expuso el investigador, que por tal motivo el gobernador y capitán general ordenó el envío de 40 hombres armados a Hunucmá y Sisal.
El ponente expuso que fue gracias a un hombre llamado Rodrigo Alonso, quien había logrado escapar de los corsarios luego de que lo atacaran cuando trabajaba en un barco mercantil en Cozumel, que se pudo saber que deseaban dirigirse al Cabo de San Antonio, por lo que se mandó una segunda expedición a la costa.
Luego de una larga labor de aprehensión, algunos corsarios lograron escapar en barco y otros murieron en el encuentro.
Se informó que durante las acciones 10 corsarios fueron capturados con vida y llevados a Mérida, donde se dictó como sentencia la pena de muerte para cuatro de ellos y esclavitud perpetua para seis, por lo que fueron entregados a funcionarios y vecinos de la ciudad que habían participado en la expedición y captura. Sin embargo, su presencia en la ciudad creaba disgusto.
Pierre Sanfroy y demás corsarios fueron enviados a Ciudad de México para que ahí estuvieran encarcelados. Es entonces que la historia dio un giro negativo para el pirata, pues estando ahí se instauró el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.
El tribunal ordenó como sus primeras acciones denunciar a todos los franceses, holandeses e ingleses que se encontraban presos para ser juzgados por delitos de fe.
Así, pues, Sanfroy pasó de la cárcel donde se encontraba a la prisión secreta de la Inquisición para ser sometido a un juicio y posteriormente fue sentenciado por ese tribunal. Debido a las audiencias que tuvo que pasar, se sabe que Sanfroy contaba con 28 años, era de piel blanca con barba espesa rubia y era originario de San Vigor, Normandía, donde aprendió la doctrina cristiana. Otras fuentes señalan que el proceso ante la Inquisición tuvo una duración de 15 meses. Finalmente, al primer reo sentenciado por la Inquisición Novohispana se le condenó a la “muerte civil” y la tortura con 200 azotes y a las galeras del rey, un tipo de condena que los obligaba a remar en condiciones inhumanas. El Simposio Internacional de Historia y Arqueología Marítimas continuará sus actividades hasta pasado mañana viernes.— ALESSANDRA CARRILLO AMARO
De un vistazo
Se desvela su origen
Debido a las audiencias que tuvo que pasar Pierre Sanfroy se sabe que contaba con 28 años aproximadamente, tenía piel blanca con barba espesa rubia y era originario de San Vigor, Normandía, donde aprendió la doctrina cristiana.
Dictan sentencia
Finalmente fue sentenciado por la Inquisición Novohispana, y condenado a la “muerte civil” y la tortura por la que recibiría 200 azotes y pasaría a las galeras del rey, un tipo de condena que obligaba a la gente a remar en condiciones inhumanas.
