Cuando era una niña y le preguntaban qué quería ser de grande, Tania Ruzs siempre respondía dos cosas: un ángel y cantante.
“Yo tenía claro que venía a cantar, que tenía que comunicar hablando y cantando. Cerraba los ojos y me veía en el escenario”, dice.
Muchos años después, ya con el deseo de ser cantante cumplido, la intérprete española llega a Mérida para compartir su trabajo.
“Venir a Mérida me parece un regalo. Yo creo que estos tiempos a nivel mundial están siendo un poco convulsos por todo lo que pasa, pues para mí venir a Mérida está siendo como un regalo del universo”, confiesa.
Es la tercera vez que Tania visita el país, la segunda que llega a Mérida, pero la primera que viene a cantar soul, rock, blues y jazz.
Sus anteriores presentaciones habían sido por su faceta de terapeuta musical, la cual descubrió en un acto que hubo en Madrid.
Nacida en la capital española, Tania desde su infancia se sintió atraída por la música, a pesar de que nadie en su familia la escuchaba ni era instrumentista.
“Para mí era algo que traes de otras vidas. Yo creo que hay voces que te llegan porque te suenan, hay voces que te tocan el alma porque tu alma las reconoce”, considera Ruzs, quien se sentía atraída por las canciones de Nina Simone, Edith Piaf, Janis Joplin, Etta James, Donna Summer, Gloria Gaynor, Aretha Franklin, Roberta Flack, Billie Holiday…
Las cantaba tanto que a los 12 años su madre le dijo: “Tú no tenías que haber nacido aquí”. Para Tania ése fue el mayor halago que su madre le pudo hacer.
Para entonces ya estaba más convencida de ser cantante. “Tenía las ideas muy claras y no sabía cómo se iba a dar. Creo que no todo mundo tiene tan claro como yo lo que viene a hacer”.
Tania finalmente debutó a los 19 años, un año después de salirse de su casa en un pequeño pueblo de Ciudad Real. “Acabé viviendo en Granada, en el sur de España, donde me enfermé. Me enfermé tanto que pensé que me iba a morir, tuve neumonía, no respiraba bien… Pensé: ‘Si me muero, ¿de qué me voy a arrepentir? De no haber cantado en público’, dije”.
Esa idea la hizo recuperarse y, ya fuera de peligro, acudió a una presentación de karaoke y se subió al escenario a cantar “I Have Nothing”, de Whitney Houston. “Tenía mucho miedo, me temblaba la voz, estaba asustada; pero con todo el miedo, subí y canté”.
De allí comenzó a hacer pruebas en grupos y orquestas, quedando seleccionada para formar parte de una agrupación que interpretaba música de Aretha Fraklin y Donna Summer, entre otras embajadoras de la música afroamericana.
“Me aceptaron, aunque no tenía ningún tipo de tablas. Recuerdo que en la prueba hice una canción de Janis Joplin y el director se peleó con todo mundo y dijo: ‘A esta niña hay que meterla sí o sí, defiende a Janis Joplin y eso no es habitual’. Eso me abrió el camino”. Un año después viajó a Grecia sin hablar griego ni inglés y lo primero que hizo fue preguntarle a alguien que hablaba español: ¿Dónde se canta en Grecia? Le recomendaron un grupo, en el que por primera vez interpretó canciones de Etta James. Luego de una temporada en Grecia, donde estuvo en tres grupos (uno de blues, uno de jazz y uno de bandas sonoras de Pedro Almodóvar), regresó a Madrid, pues había prometido cantar en uno de sus escenarios. Estando en Madrid, en 2011 se desató el movimiento 15M y la Plaza del Sol se llenó de miles de personas. “Yo vivía cerca de la Plaza del Sol y hablaba con la gente. Allí había ciertos espacios para que cada uno manifestara su voz. Había uno que era ‘amor y espiritualidad’ y dije que ése era el mío”. En ese espacio, Tania cantaba hasta que un día llegó una mujer que le pidió un masaje. Ella se rehusó varias veces, pero ante la insistencia de la mujer terminó masajeándola mientras cantaba. Al mes se encontró nuevamente con la mujer, quien se disculpó y le explicó que ese día había salido del hospital y su insistencia fue porque no se podía mover. “Me dijo: tú hiciste masaje y cantaste, y en ese momento la voz entró en el cuerpo y se me quitó el dolor”. Tania se puso a averiguar cómo la voz podía liberar tensiones musculares y otras cosas del cuerpo, y, como no existía, decidió irse a Menorca, donde desarrolló una técnica, al grado de dejar los escenarios para dedicarse de lleno a cantar desde el campo espiritual. Pero sucedió que hace un par de años la llamaron para una presentación en la cantó una de Billie Holiday. “Allí volví a acordarme que venía a cantar en un escenario. Lo había dejado para dar un servicio, pero estaba incompleta. Sentí que debía retomar ese camino y equilibrar los dos mundos”. Desde entonces, Tania Ruzs combina esas dos facetas que, dice, le llenan el alma.— IVÁN CANUL EK
De un vistazo
Transición a otra vocación
En Madrid, en 2011 se desató el movimiento 15M y la Plaza del Sol se llenó de miles de personas. En ese espacio Tania Ruzs cantaba cuando llegó una mujer que le pidió que le diera un masaje. Tania se rehusó varias veces, pero terminó haciéndolo mientras cantaba.
Cantar libera el dolor
Al mes se encontró de nuevo con la mujer, que se disculpó y le dijo que ese día había salido del hospital y que su insistencia fue porque no se podía mover. “Me dijo: tú hiciste masaje y cantaste, y en ese momento la voz entró en el cuerpo y se me quitó el dolor”.
Terapeuta musical
Tania Ruzs se puso a averiguar cómo la voz podía liberar tensiones musculares y otros malestares del cuerpo y decidió irse a Menorca, donde desarrolló una técnica, al grado de dejar los escenarios para dedicarse de lleno a cantar desde el campo espiritual. Desde entonces combina esas dos facetas que, asegura, le llenan el alma.
