El altar de los niños difuntos debe llevar velas de colores, juguetes, dulces, agua y comida propia para ellos, como pollo, sopa y frutas
El altar de los niños difuntos debe llevar velas de colores, juguetes, dulces, agua y comida propia para ellos, como pollo, sopa y frutas

La Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta) inauguró ayer tres altares en el Gran Museo del Mundo Maya, en el marco del festival de finados de la dependencia.

Las tres ofrendas representativas cuentan cada una con su explicación.

Hay un altar para los niños, uno general o para adultos, y el tercero es el del bix, el cual se coloca a los ocho días de la llegada de las ánimas.

Se informó que las ofrendas podrán ser visitadas el fin de semana, de 11 de la mañana a 5 de la tarde.

Según se indicó, el altar dedicado a los niños se coloca el 31 de octubre y se decora con un mantel bordado de colores alegres, velas de varios tonos y flores de la región, las cuales suelen ser sembradas y cultivadas en las milpas de los habitantes de la comunidad.

Los alimentos y las bebidas que se ponen en la mesa no deben contener condimentos picantes para que no le hagan daño a los estómagos de los pequeños difuntos.

En la mañana se sirve en el altar el desayuno, que consiste en chocolate, panes dulces y tamales; para la comida, que se coloca al mediodía, se cocina pollo, sopa de fideos y verduras, o, si se decide por un platillo, éste deberá de ser apto para el consumo de los menores. No hay que olvidar poner frutas, dulces tradicionales y agua.

El altar dedicado a los adultos se instala el 1 de noviembre, ya que ese día se recuerda a los difuntos de esa edad. Según se explicó, es similar al de los niños, la diferencia está en los manteles, ya que para los adultos son de diseños más serios, en color blanco, al igual que las velas, que pueden ser asimismo negras.

A lo largo de la jornada, al igual que a los niños, a los adultos se les sirven desayuno, almuerzo y cena, por lo que en el altar debe haber chocolate, panes salados y dulces, atole de maíz, elote salcochado, dulces y fruta; la comida se sirve en mayor cantidad y con más condimentos: suele ser escabeche, relleno negro, mechado…

No pueden faltar en lamesa las tortillas de maíz y, de tomar, lo que más le gustaba en vida al familiar.

En las comunidades, el pib no se cocina en los mismos tiempos que en Mérida, donde se prepara a principios de noviembre: ahí se hace en el ochavario y a fin de mes —a esto se le llama bix—, por lo que tanto el 8 como el 30 de noviembre en los altares se repiten las ofrendas del desayuno y la comida, y en esta ocasión se debe servir comida seca para que las ánimas puedan llevársela.

Se tiene la creencia que cuando los difuntos se van, suelen llevarse tamales en todas sus variedades y el tradicional pib, éste puede ser de pollo, frijol o ibes tiernos, siempre acompañado de chocolate.

Los altares del Gran Museo fueron realizados por personas originarias de varias comunidades, por lo que en ellos están plasmadas las creencias mayas de Yucatán.— Ilse Noh Canché

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