Muchas veces, el vino es el pretexto para reunirse con esos amigos y amigas; el vino acompaña los momentos mágicos que terminarán a las altas horas de la madrugada o al día siguiente en una cordial plática.

Las largas horas pasan y las anécdotas fluyen entre risas y vinos dejando de lado toda carga emocional, laboral y problemas cotidianos.

Con una llamada o un mensaje, vamos al encuentro de esos amigos que están pasando por un triste momento en sus vidas. Y si se trata de una fiesta, esa misma tarde o noche nos juntamos en casa de “fulanita” o “menganito”, a sabiendas que la reunión es “de traje”.

Que no les pase como a mí: hace algunos años, un domingo al mediodía, yo recién desembarcado de Italia, donde vivía, fui invitado a una comida en una hacienda con una enorme alberca. Días antes del evento y al desconocer los “códigos sociales” de esta zona de la Península, me presenté de riguroso traje: un buen saco y corbata. Pero resultó que todos estaban en traje de baño en la alberca, y claro, comprenderán el desenlace de la anécdota… En fin, es una historia chistosa que les quería compartir.

La amistad y el vino

Un momento entre amigos es aquel que uno disfruta mucho, ya sea en la playa, en una casa o en un restaurante.

A la hora de elegir qué tipo de vino tomar, todos comienzan a expresar sus gustos: unos blancos, otros rosados, algunos piden españoles, mexicanos o chilenos. Y aunque no se puede complacer a todos, siempre hay una buena opción: recomiendo ampliamente un vino tinto merlot o un tinto tempranillo si se les antoja algo de carnes, y algún rosado suave francés, como Rose D’anjou, o un blanc de Zinfandel, dependiendo del tipo de comida que se vaya a degustar.

Si un grupo de amigas se juntan a comer ensaladas pueden pedir una botella de vino blanco, un sauvignon blanc, que tiene 47 calorías por copa.

Uno de mis amigos más entrañables que se nos adelantó en el camino, mi querido Alberto Cortés, todo un intérprete y referente de la música en mi natal Argentina, siempre decía que “el vino es la excusa perfecta para volverte a ver”. Otra frase que lo caracterizaba era “sin vinos no hay amigos, y tampoco enemigos”. Querido Alberto, eras como un padre, y como tal se le honra con una buena copa de vino en estos días en los que recordamos a los que ya partieron.

Para quedar bien con los amigos, la recomendación es destapar aquellas botellas que uno guarda celosamente, como quien guarda un tesoro más preciado, pero queridos lectores, los amigos son los verdaderos tesoros.

¡Salud y nos vemos la próxima semana!

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán