“HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA”

La imagen de la mujer viuda es emblemática en la Biblia porque representa a las personas pobres e indefensas, que solo tienen a Dios como defensor y abogado.

Hoy la Palabra de Dios nos presenta la persona de una viuda como víctima, y otra como modelo de gratuidad y generosidad.

Una es víctima porque no se le hace justicia, de forma que fácilmente es víctima de atropellos por los poderosos, e incluso puede ser explotada por los escribas y líderes religiosos que “devoran sus bienes so pretexto de largas oraciones”.

¡Qué advertencia tan seria tenemos hoy en las lecturas de la Sagrada Escritura! Por otra parte, la otra mujer viuda es un ejemplo de generosidad: su ofrenda fue pequeña, pero ofreció todo lo que tenía para vivir. Así, lo poco se convirtió en una enorme cantidad ante los ojos de Dios; lo cual nos enseña que la medida de Dios es distinta de la medida que pone el mercado.

Letrados y fariseos, hombres entendidos en leyes y de muchos rezos, aparecen aquí en manifiesta contraposición a las pobres viudas. Los primeros gustan de hacer ostentación de su saber y de su piedad. El que da de lo que le sobra, no echa nada, incluso puede hacer negocio con su piedad; los que dan de verdad son siempre los pobres.

Así pues, la viuda de las dos narraciones bíblicas de hoy es la figura emblemática, el signo del verdadero creyente que confía totalmente en Dios.

Es la representación del auténtico amor y de la donación de uno mismo, como escribió el reformador protestante Calvino: “La oferta de la viuda, exteriormente pequeña e insignificante, a los ojos de Dios vale como si fuesen ofrecidos todos los tesoros de Creso”, porque “más alegría hay en el dar que en el recibir” (Hech 20, 35).

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