• A la izquierda, John J. Hopfield, Nobel de Física; sobre estas líneas, la gala en Estocolmo, la entrega del premio de Química a David Baker, y la familia real sueca
  • En primer plano, Victor Ambros y Gary Ruvkun, ganadores del Nobel de Medicina; Han Kang, de Literatura, y Daron Acemoglu y Simon Johnson, de Economía, en un momento de la ceremonia de premiación realizada ayer en el Concert Hall de Estocolmo y encabezada por el rey sueco

ESTOCOLMO (EFE).— Carlos Gustavo de Suecia entregó ayer el Premio Nobel a diez hombres y una mujer, en una ceremonia en la que se glosaron sus logros, como las aportaciones a la inteligencia artificial, que tiene “aplicaciones revolucionarias” pero necesita de normas, según declaró en el evento la presidenta de la Fundación Nobel, Astrid Söderbergh.

Los galardonados recibieron medalla y diploma de manos del soberano en una ceremonia en que se limitaron a hacer un saludo al monarca, otro a los integrantes de las academias que los eligen y uno más a público.

El acto, presidido por los reyes Carlos Gustavo y Silvia, junto a la princesa heredera Victoria y su esposo Daniel Westling, se celebró en la Sala de Conciertos de Estocolmo y comenzó con el discurso de Söderbergh.

La presidenta de la Fundación Nobel mencionó a los galardonados de este año, entre ellos autores de trabajos pioneros en Física y Química directamente relacionados con la inteligencia artificial (IA) y, en el caso de Medicina, con la genética. Todos “han dado lugar a aplicaciones revolucionarias”.

Pero “las consecuencias inimaginables que pueden quizás introducir las tecnologías genéticas y la inteligencia artificial solo pueden gestionarse en una colaboración internacional basada en normas y en la confianza”, destacó.

En esa línea habló Ellen Mons, de la Academia Sueca de Ciencias, al presentar al estadounidense John Hopfield y el británico Geoffrey Hinton, premiados en Física por sus contribuciones al desarrollo de redes neuronales artificiales, una de las bases de la IA.

Dichas redes son “poderosas herramientas” en el campo de la investigación y en la vida diaria, pero es “nuestra responsabilidad colectiva garantizar que se usen de forma segura y ética”, añadió.

La presidenta de la Fundación se refirió, además, al Nobel de la Paz, entregado horas antes en Oslo a la organización japonesa Nihon Hindankyo por su lucha contra las armas nucleares y cuyo copresidente Terumi Tanaka se manifestó allí “apenado y furioso” porque se “amenace con romper el tabú nuclear”.

Söderbergh alertó de que las amenazas nucleares se expresan hoy en día “en relación con las guerras y conflictos en los que participan potencias nucleares”.

Hopfield es la persona de más edad entre los premiados de este año y cuando llegó el momento de tomar de manos del rey su galardón y hacer los saludos dejó a un lado los dos bastones que usa para caminar.

Un año más, el Premio Nobel ha estado escaso de mujeres. La única reconocida fue la surcoreana Han Kang, en Literatura, por su intensa prosa poética, que se enfrenta a traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana.

En la obra de Han se encuentran dos colores: el blanco de la nieve que cae y corre un velo protector entre el narrador y el mundo, pero que también refleja la pena y la muerte, y el rojo, que representa la vida, el dolor, la sangre, “los profundos cortes de un cuchillo”, declaró en su presentación Ellen Mattson, de la Academia Sueca.

En el mundo de Han, “las personas están heridas, son frágiles, en cierto sentido débiles”, pero poseen la fuerza suficiente y del tipo justo “para dar un paso más”.

El Nobel de Física fue para David Baker (Estados Unidos), por el diseño computacional de proteínas, y para Demis Hassabis (Reino Unido) y John Jumper (Estados Unidos), quienes con IA fueron capaces de predecir la estructura de prácticamente todas las que existen.

Los premiados “han revolucionado” esos campos de estudio abriendo posibilidades nunca vistas, lo que constituye “realmente grandes logros”, recalcó Johan Aqvist, de la Real Academia Sueca de Ciencias, al presentarlos.

El descubrimiento del microARN mereció el Nobel de Medicina a los estadounidenses Victor Ambros y Gary Ruvkun, quienes sacaron a la luz “un estrato de la regulación génica tan inesperado como esencial para la compleja vida multicelular” y para mantener a los genes “vivos y prósperos”, explicó Rickard Sandberg, de Instituto Karolinska.

El estudio de cómo se forman las instituciones económicas de un país y cómo afectan a su prosperidad es la base de las teorías de los Nobel de Economía Simon Johnson (Reino Unido), Daron Acemoglu (Turquía) y James Robinson (Estados Unidos). Su trabajo demuestra que “apoyar la democracia y las instituciones inclusivas es una forma importante de reducir” la brecha de ingresos entre los países más ricos y pobres, expuso en su presentación Jan Teorell, del Comité para el Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel.

Los galardonados, que con su obra han “conferido el mayor beneficio a la Humanidad”, tal y como dejó estipulado Alfred Nobel para ser merecedores de los galardones, se llevan un premio de 11 millones de coronas suecas (1.1 millones de dólares) a repartir por categoría.

Nobel Datos

Los galardonados se llevan un premio de 1.1 millones de dólares por categoría.

Regulación génica

El descubrimiento del microARN mereció el Nobel de Medicina a Victor Ambros y Gary Ruvkun, quienes sacaron a la luz “un estrato de la regulación génica tan inesperado como esencial para la compleja vida multicelular” y para mantener a los genes “vivos y prósperos”, explicó Rickard Sandberg, de Instituto Karolinska.

Brecha de ingresos

El estudio de cómo se forman las instituciones económicas de un país y afectan a su prosperidad es la base de las teorías de los Nobel de Economía Simon Johnson, Daron Acemoglu y James Robinson. Su trabajo demuestra que “apoyar la democracia y las instituciones inclusivas es una forma importante de reducir” la brecha entre países ricos y pobres.

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