El Seminario Conciliar de Yucatán celebró anteanoche su acostumbrada misa y posada navideña, que reunió a la comunidad en un ambiente de fe, reflexión y alegría. Amigos y parientes de seminaristas estuvieron presentes para convivir.
La misa, que marcó el inicio del encuentro, fue un espacio de preparación espiritual en el tiempo de Adviento y recordó el significado de la espera y el amor que envuelve el nacimiento de Jesús. El padre Ricardo Atoche Enseñat, rector de la casa de formación, recordó a los fieles la importancia de preparar el corazón para recibir al Señor en esta temporada. “Nuestro Señor, nuestro Dios, nos ha tomado bajo su cuidado. Ha venido en persona a buscar a sus ovejas”.
Expuso tres consideraciones para reflexionar en cómo disponernos espiritualmente en este tiempo.
En primer lugar, es fundamental reconocer quién es Jesús y entender que no viene únicamente a consolarnos o resolver problemas cotidianos, sino a salvarnos. “Todo lo que dice y hace en el Evangelio tiene un único propósito: nuestra salvación”, afirmó.
En segundo lugar, invitó a aceptar nuestra necesidad de salvación desde una postura humilde, reconociendo que todos, incluso los sacerdotes, necesitamos ser salvados. “Yo, como sacerdote, tengo la misma necesidad de salvación que cualquier ser humano”, confesó, animando a los presentes a identificar sus propias áreas de mejora, desde el egoísmo hasta la tibieza espiritual.
Finalmente, subrayó la importancia de confiar en el Buen Pastor, quien nos busca a sus ovejas con una ternura incomparable. Inspirado en la parábola, señaló: “Si sabemos que nos están buscando, gritaremos ‘¡aquí estoy!’. Esa esperanza nos anima a luchar por salir del lodo”.
El padre Ricardo Atoche citó a San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, para subrayar la importancia de tomar decisiones conscientes en nuestra vida espiritual. “El infierno está lleno de buenas intenciones; son las decisiones las que cambian tu vida”, señaló.
Sugirió formas prácticas de incorporar la oración en el día a día, desde rezar antes de las comidas hasta el rosario en familia o en comunidad.
También compartió un consejo útil: orar en compañía. “Si te pones de acuerdo con otros, es más fácil perseverar”, dijo, y relató cómo su propia familia comenzó a rezar el rosario por videollamada durante la pandemia, una práctica que han mantenido hasta hoy.
En su mensaje final, el padre rector invitó a todos a abrir el corazón y permitir que el Salvador transforme sus vidas. “Jesús está a la puerta y llama. Prepárale el camino con oración, confianza y una decisión firme de seguirlo”.
Después de la misa, la posada invitó a los asistentes a revivir el camino recorrido por María y José, fomentando la unión y el espíritu de hermandad que caracteriza estas fechas.
La posada tuvo gran participación, sobre todo porque entre todos llevaron diferentes platillos para compartir.
Las figuras de José y María salieron por la parte delantera de la capilla del seminario. Guido Pavía Mendiburu sostuvo la imagen de José y Luz Ruvalcaba Morán, la de María. Entre los pasillos del Seminario se escucharon los tradicionales cánticos.
“Entren santos peregrinos, peregrinos” con fervor y algarabía, cantaban. Con este evento, el Seminario no solo celebra la tradición, sino que también fortalece los lazos comunitarios y promueve los valores que guían su misión.— Sofía Vital Chablé


