—Muchacha, ve a saludar al cielo. —Abuela, que el día está nublado. —Niña, a los amigos no se les mira ni el vestido ni el calzado (Excilia Saldaña Molina)
El viento de enero acaricia la ciudad con su cielo gris y un toque de melancolía. El eco de las fiestas se desvanece, mientras el aire barre las hojas secas, al igual que nuestros sueños muertos.
Sin embargo, dentro de esta añoranza se abre un camino hacia la renovación. Es momento de hacer un inventario del alma, conservar lo que nos nutre y desechar el lastre que impide fluir en armonía.
Nuevos comienzos
En medio de momentos nublados es tiempo de abrazar los finales que dan lugar a nuevos comienzos, dejándonos envolver por el cariño de quienes siempre han estado, quienes regresaron y los que llegaron para nunca irse, pues a los verdaderos amigos no se les mira ni el vestido ni el calzado.
Volvamos sobre nuestros pasos para hacer recíproco lo recibido, fortaleciendo los lazos que nos conectan con la esencia del ser, haciendo conciencia de lo que permitimos entrar al entorno personal.
Cuidemos el corazón con ternura, pues si bien la bondad nunca es demasiada, debe ser compartida con discernimiento. La complejidad humana requiere prudencia y reflexión al mostrar nuestra generosidad. Así, podremos tejer un camino auténtico, lleno de amor, compasión y sabiduría.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación.
