Los estudios de arte rupestre en la sierra de San Miguelito, en San Luis Potosí, han involucrado a las comunidades de la región para tener en cuenta lo que les contaban sus abuelos y gracias a ello se ha podido saber que algunos diseños son mapas, lo que ha llevado a nuevos hallazgos.
Por esa razón hay que conservar el patrimonio de la sierra, que de perderse convertiría a sus pobladores en entes sin pasado.
Así lo considera Adolfo Rojano Guido, investigador de la Universidad del Hábitat de San Luis Potosí, quien ayer participó con la ponencia “Pintura rupestre. Patrimonio cultural natural” en el Congreso Internacional “Conservación del patrimonio cultural-natural y desarrollo urbano-territorial”, que se lleva al cabo hasta hoy en la Facultad de Arquitectura de la Uady.
El conferenciante recordó que el arte rupestre es todo grabado o representación pictórica en una pared de una estructura natural, como una montaña o cueva.
Explicó que con ayuda de la tecnología, la semiótica y algunas otras ciencias se ha tratado de interpretar este patrimonio, que no es solo una representación estética, estilística o de magia simpática, sino también una documentación cartográfica, escritura, hierofanía y cosmología, además de arte.
Indicó que el arte rupestre en San Miguelito engloba todas estas caracterizaciones, cuyo estudio revela cómo se manejaban sus habitantes.
Añadió que una parte de las pinturas rupestres están en la frontera de Mesoamérica y Aridoamérica, y abarcan también Oasisamérica.
Las investigaciones revelan que tienen mucha relación con pinturas del sur de Estados Unidos, pues las encontradas en lechos rocosos de San Luis Potosí tienen similitud con otras halladas en el país vecino, como es el caso del ciempiés y la representación de la cruz de Quetzalcóatl, que en el solsticio de verano tiene incidencia de un rayo de luz.
El ponente detalló que solo hay dos antecedentes de levantamientos a cargo del INAH en la zona: en la década de 1950 y en 2022.
El equipo del que forma parte Rojano Guido hizo una recopilación de los sitios que estudiaron sus antecesores para realizar otro tipo de investigación en conjunto con las comunidades.
Advirtió que en México no existe una clasificación para el arte rupestre y las que hay en Europa, realizadas por geólogos, arqueólogos y antropólogos, no aplican en América, porque no se trata de las mismas temporalidades. El grupo de Rojano Guido adoptó las clasificaciones de dos argentinos y así supo que hay que registrar no solo las figuras antropomorfas y zoomorfas, sino también otras figuras abstractas que casi siempre se desechan.
“Pueden representar parte de la cartografía que los nativos americanos conservan en regiones como Arizona, Utah, Nevada y Ohio”.
Partieron de las interpretaciones de expertos de Estados Unidos para hacer una aproximación al significado de cada símbolo y, luego, de paneles completos.
Usan un programa informático para analizar fotografías de pinturas que ya no se pueden apreciar de manera natural pero sí con filtros y destacar los símbolos que están desapareciendo.
Rojano Guido explicó que entre los colores que predominan en el arte rupestre figuran el negro, por los materiales que se tenían a la mano, como el carbón; rojo, producto de la molienda de hematitas, óxidos de fierro y granas cochinillas, y blanco, que no es carbonato de calcio porque la zona es volcánica y únicamente hay materiales por alteraciones hidrotermales, más parecidos al manganeso y la zeolita.
El territorio de la sierra de San Miguelito es un área nacional protegida de 118 mil hectáreas que años atrás empresarios inmobiliarios intentaron tumbar para construir hoteles y un anillo periférico para hacer una explotación turística de los vestigios culturales.
Las investigaciones se realizaron en las cuevas del Indio, del Ensayo, del Cañón de las Lajas y del Monte Huma, nombre original nativo.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
