“HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA…”

El sentido liberador del Evangelio se muestra también en medio de la vida cotidiana y no solo en momentos excepcionales y situaciones extremas. En este caso el Evangelio de la vida, y de la vida abundante, se proclama hoy en medio de una fiesta de bodas en Caná de Galilea.

Se explica uno perfectamente que llegara a faltar el vino y se imagina el apuro de los novios, si tenemos en cuenta la larga duración de las fiestas nupciales; pues cuando la novia era soltera llegaban a prolongarse hasta siete días, mientras que duraban tres cuando era viuda. Es posible que la Virgen María acudiera a las bodas ya al principio de la fiesta y que ayudara a prepararlas, lo cual le permitiría hacerse cargo del problema cuando empezó a escasear el vino.

Jesús llegaría más tarde con sus discípulos.

Aunque Jesús no había hecho todavía ningún milagro, María pudo pensar que ya era la hora de manifestarse a la gente. Al menos podía suponerlo viéndolo rodeado de discípulos. La respuesta de Jesús debió ser de gran importancia para el evangelista, aunque a primera vista no la entendamos muy bien. Jesús la llama “mujer”, y María le ayuda en la preparación del milagro.

Así, todo indica que inicialmente Jesús se niega a la petición de la Virgen María porque (en términos de san Juan) todavía no había llegado su “hora”, ya que para san Juan la “hora” de Jesús fue el gran momento de su muerte y glorificación, fuente de salvación para la humanidad. Entonces, el milagro de Jesús debe verse como una flecha dirigida para revelar su misterio divino.

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