Guillermo Saccomanno no cree en los géneros. “¿‘El Quijote’ es una novela de caballerías? ¿‘Moby Dick’ es un manual de pesca?”, se pregunta en forma retórica.
Por esa razón se resiste a otorgarle uno a “Arderá el viento”, la historia que le mereció el Premio Alfaguara de Novela 2025, cuyo resultado se anunció ayer.
“Mi novela puede ser leída como un ‘noir’, puede ser leída como una novela de costumbres, como una novela trágica. No es mi preocupación. Cuando escribo tomo de aquí, tomo de allá lo que me es necesario”, dijo el autor en la rueda de prensa virtual en la que compartió sus impresiones tras darse a conocer el fallo del jurado.
Sin embargo, concedió que el lector encontrará en “Arderá el viento” una “cruza de espanto y de risa morbosa, la cual tal vez se reconozca”.
Los protagonistas son los Esterházy, una familia compuesta por mamá, papá, hijo e hija, que se mudan a un pueblo de la costa argentina, donde se hacen cargo de un antiguo hotel.
De acuerdo con la síntesis que la editorial hace del relato, estos niños y adultos “producen el efecto de una partícula enfermiza que se introduce en las grietas de una sociedad pequeña y arrasa con su dinámica cotidiana, aparentemente calma”.
Ahí, “la pareja resulta ser un amplificador de los prejuicios, los deseos ocultos, las supersticiones, los temores y la violencia larvada en muchos de los habitantes”.
En el encuentro virtual con la prensa, en el que estuvo presente el Diario, Saccomanno reconoció que en “Arderá el viento” están presentes asuntos que ha abordado en libros anteriores, como “Cámara Gesell”. “Los temas de un escritor son reducidos; por más que pretenda cambiar de escenario, las obsesiones no varían, son siempre las mismas”.
“En mi caso, de lo que se trata es de encontrar una luz en la noche oscura del alma. Si se quiere, esta novela puede leerse también como una novela moral”, añadió.
Se manifestó convencido de que “la literatura no cura a nadie”, pero “creo que a veces sana, alivia, y ésta es la intención de mi literatura”.
“En Argentina hemos tenido una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica y sin embargo escribimos, surgen cada vez más voces poéticas, más editoriales independientes, pareciera que hay un tsunami de literatura que sorprende. No sé si toda es buena, pero siempre es bueno que haya mucha para poder elegir, discutir”.
“Ahora”, añadió, “no creo de ninguna manera que pueda cambiar al mundo. Tal vez se pueda explicar la derechización a través de un cuento… Yo no creo que con las buenas intenciones se haga buena literatura”.
Más de una pregunta tuvo relación con el avance de grupos políticos de derecha y el fascismo, un fenómeno que, de acuerdo con Saccomanno, se inicia en los poblados pequeños.
“Pensemos en el atraso de las poblaciones rurales, de interior, donde la educación es deficitaria, donde imperan los partidos conservadores, donde hay caudillismo. Son pueblos donde el importante es el terrateniente o aquél que llegó a comprar mediante medios espurios y turbios un territorio que le puede servir”, advirtió.
Y más adelante expuso: “Hay una definición de (Bertolt) Brecht: ¿Qué es un fascista? Un burgués asustado. Los asustados reaccionan así. No me animo desde la literatura a teorizar una explicación de por qué asumió el gobierno este alcornoque (Javier Milei, presidente de Argentina). Supongo que el alcornoque se lo debemos en gran parte al pueblo argentino por una inconformidad, un resentimiento”.
Cuestionado si su novela entra en la categoría de gótico latinoamericano, Saccomanno declaró que “no creo en los géneros, todos pueden ser útiles y todos pueden convivir en una novela”.
“La clasificación en géneros es para la comodidad de los críticos y de los estudiantes y profesores de literatura, que necesitan etiquetas aquí y allá y ver cómo acomodan una biblioteca que no intranquilice”.
“La buena literatura es una en la que confluyen distintos géneros, distintos momentos, distintos instintos, distintas percepciones. Un ejemplo: Si leen ‘Cien años de soledad’ van a encontrar una prosa tan limpia que no tiene nada de los floripondios que se le atribuyen; como somos latinoamericanos se nos pega la etiqueta de que acá ocurre lo exótico; es mucho más que eso ‘Cien años de soledad’”.— Valentina Boeta Madera
De un vistazo
Recompensa
“Arderá el viento” fue elegida por unanimidad por el jurado. El Premio Alfaguara está dotado con 175,000 dólares, una escultura de Martín Chirino y la publicación simultánea en todo el territorio de habla hispana.
En librerías
La obra fue presentada con el seudónimo de Jim. Estará en librerías a partir de marzo.
Jueces
Como presidente del jurado fungió el colombiano Juan Gabriel Vásquez. También lo integraron Leila Guerriero, Manuel Jabois, Paula Ortiz, Andrea Stefanoni y Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara.
