“HOY SE CUMPLE ESTE EPISODIO DE LA ESCRITURA”
San Lucas se propuso escribir los hechos de la vida de Jesús desde el principio, y dedicó su libro, siguiendo la costumbre, a un personaje llamado Teófilo. Posiblemente se trataba de un catecúmeno, a quien san Lucas escribió para confirmar a Teófilo en su fe.
Nuestra lectura litúrgica une el prólogo de Lucas con la narración del comienzo de la vida pública de Jesús. Es probable que esta visita de Jesús a Nazaret sea la misma que relatan Marcos y Mateo en otro contexto y que sitúan cronológicamente más tarde.
Con el permiso del presidente de la sinagoga, cualquier varón israelita podía leer públicamente la Ley o los Profetas, hacer una traducción del texto al arameo (la lengua popular que hablaba y entendía la gente), y explicar su contenido en una breve homilía. Jesús eligió el texto de Is 61, 1.
El texto de Isaías que nos ofrece san Lucas lo cortó a propósito para dejar en claro que Jesús está en medio de su pueblo para anunciar y hacer presente un “año de gracia”, es decir, un tiempo de misericordia, de paz, de bendiciones y mucho amor para las gentes. Jesús declaró que la profecía de Isaías se cumplía con su presencia. En Jesús comenzó la Salvación tan deseada. Por eso predicó la Buena Noticia.
Esa Buena Noticia —el Evangelio— no es una fría piedra preciosa guardada en un cofre, sino que es una realidad viva que debe empapar la existencia árida como la lluvia fecunda hasta el desierto (Is 55, 10-11). Jesús leyó un texto del profeta Isaías que resultó un anuncio de esperanza y de liberación. Jesús solamente pronunció una frase que resume toda la esperanza anunciada por el profeta Isaías y que se vuelve realidad precisamente en Él, Jesús de Nazaret.
