• Arriba y debajo, las muestras de afecto que recibió la hermana Mari al término de la misa de despedida en Cristo Rey, la noche del miércoles pasado
  • La hermana María de los Ángeles Moreno dijo adiós a la comunidad de Cristo Rey
  • La religiosa durante un rezo

La hermana María de los Ángeles Moreno Barrera es un testimonio de entrega y vocación entre las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo. Desde su infancia en Tizimín hasta su labor en comunidades migrantes y parroquias locales, su vida ha sido un reflejo del compromiso con el trabajo de evangelización y el servicio a los más vulnerables.

María de los Ángeles creció en un entorno de fe, influenciada por su madre. Su vocación comenzó a gestarse en el Colegio Educación y Patria, donde una religiosa notó su inclinación por la vida consagrada y la animó a considerarla seriamente.

Más tarde, en la Acción Católica, bajo la guía del padre Carlos Trujillo Sélem, comprendió el significado de la entrega misionera. La decisión final llegó en un retiro espiritual, en el que sintió con claridad su llamado. Con determinación ingresó a la casa de su congregación en Morelia, donde se formó para la vida religiosa y para una misión que la llevaría a distintas partes del mundo.

A lo largo de su vida, ha servido en varias comunidades con un enfoque en el acompañamiento integral. Su labor la llevó a Miami, donde trabajó con migrantes en Homestead, un lugar de tránsito para jornaleros que seguían el ciclo de cosechas. Allí brindó apoyo espiritual y social a familias en constante movimiento.

Más tarde, su camino la llevó a Rochester, Nueva York, donde trabajó con la comunidad puertorriqueña, apoyando a personas que, aunque ciudadanos estadounidenses, afrontaban situaciones de marginación.

También vivió en Roma, donde continuó su formación antes de regresar a Los Ángeles para trabajar en una casa de formación de su congregación religiosa.

Con el deseo de estar cerca de su familia, especialmente de su hermana menor que estaba cada día más enferma, la hermana Mari solicitó su traslado a Mérida. Su labor en la ciudad se centró en combinar, con el apoyo en casa, la promoción vocacional y la enseñanza en un instituto de formación religiosa. Sin embargo, la falta de jóvenes aspirantes llevó al cierre del instituto, reflejando uno de los desafíos actuales de la vida consagrada.

Un nuevo reto

En 2019, tras la pérdida de su hermanita, fijó un nuevo propósito en la parroquia de Cristo Rey. Su trabajo se enfocó en la catequesis infantil, la formación de agentes pastorales y la preparación sacramental de los padres y los padrinos.

Con humildad, recuerda cómo el párroco la recibió con confianza: “Madre, usted es muy segura, no tengo que andarla cuidando”, le dijo el padre Juan Pablo Moo Garrido, quien la invitó a fortalecer la estructura pastoral de la comunidad.

Después de cinco años y cinco meses de entrega en la parroquia de Cristo Rey, la hermana Mari concluye su labor con la satisfacción de ver consolidada una comunidad unida, donde la catequesis y la promoción vocacional han florecido como una gran familia. La fortaleza y compromiso de sus integrantes garantizan la continuidad del trabajo pastoral, lo que le permite mirar hacia nuevos horizontes donde su apoyo también es necesario.

A mediados de febrero, María de los Ángeles Moreno emprenderá una nueva misión en La Casa de la Alegría, un espacio que desde hace 31 años brinda educación integral a niños y niñas en situación vulnerable. Atendiendo la invitación de la hermana Rosario Ricalde, se sumará a la formación religiosa del centro, acompañando a los pequeños en su crecimiento espiritual y en la preparación sacramental para quienes deseen recibirla.

A sus 75 años y con el mismo espíritu de servicio que ha marcado su vida, ahora asume este nuevo reto con entusiasmo y entrega. “Hay muchas necesidades humanas y espirituales, ahí estaremos apoyando”, expresa con convicción. Su llegada a La Casa de la Alegría representa una nueva oportunidad para sembrar esperanza y compartir su experiencia con quienes más lo necesitan, manteniendo vivo su compromiso con la misión evangelizadora.

Su testimonio es un reflejo de la vocación de las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo: entrega, servicio y amor incondicional por quienes más lo necesitan.— Darinka Ruiz Morimoto

De un vistazo

Dispuesta a escuchar

A pesar de los cambios y desafíos, la hermana María de los Ángeles Moreno Barrera sigue firme en su misión. Su labor no solo ha sido evangelizar, sino también escuchar y acompañar a quienes más lo necesitan. “La gente necesita ser escuchada, apoyada, y muchas veces, solo eso basta para darles fortaleza”, reflexiona.

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