El mito de Malverde, un moderno Robin Hood mexicano, es explorado en la obra “El jinete de la Divina Providencia”, que fue llevada a escena por el grupo experimental de teatro del Centro Estatal de Bellas Artes (CEBA) y que en esta propuesta incluyó la colaboración de alumnos de las áreas de danza folclórica y música de la misma institución.
La presentación lugar anteanoche en el Teatro Daniel Ayala Pérez, como parte de las muestras escénicas que suelen realizarse a medio semestre del curso escolar para mostrar el avance que tienen los estudiantes.
En la obra participaron tanto alumnos matriculados en las clases de teatro, danza folclórica y música, estos últimos con un grupo coral de adultos, como integrantes del grupo de teatro experimental del CEBA, representativo de la institución e integrado por una selección de los mejores alumnos que ya cumplieron su ciclo de seis años en el plantel y a quienes, por medio del grupo, se les da la oportunidad de seguir en los escenarios.
La puesta en escena de anteanoche es una obra compleja, que, al igual que otras historias escritas por Óscar Liera, su autor, aborda problemas sociales.
Liera es considerado uno de los dramaturgos más importantes del país y enfoca su trabajo en lo que vive, como el misticismo y la religiosidad de los habitantes de Culiacán, siendo él originario de Sinaloa. Aquí hace un teatro con profundo sentido social, en el que constantemente critica al poder, a la clase adinerada que busca enriquecerse a costa del empobrecimiento del pueblo. También critica a la religión y al poder dominante sobre el pueblo, y el uso de los recursos del gobierno.
En “El jinete de la Divina Providencia” estos temas se hicieron presentes al hablar del nacimiento del mito de Malverde, que busca hacer justicia para el pueblo. A través de este mito se revela la fuerza de la comunidad, pues “cuando el pueblo quiere, hace milagros”.
La obra es de gran formato, por lo que se requirió de un gran trabajo para el montaje, sobre todo en lo actoral.
Los resultados fueron sobresalientes. La obra, que tiene duración de hora y media, pasa como agua, el público miraba fijamente el escenario, sin distracciones, sin hacer ruido, atento al drama, y así permaneció hasta que culminó en medio de sonoros aplausos.
Mabel Vázquez, directora de la puesta en escena, tuvo la idea de incluir al área de danza folclórica del CEBA para apuntalar la parte de la región en que se ubica el montaje. Un grupo de bailarines se presentó en una escena de la fiesta del pueblo, lo que llevó a interpretar una danza sinaloense, y también hubo un baile que sirvió de enlace al segundo acto.
En ese mismo marco hizo su presentación el coro de adultos del área de música, en una de las escenas culminantes del montaje.
Unas 40 personas estuvieron en escena, entre actores, bailarines y cantantes. Además, 12 alumnos de las áreas de teatro, danza y música participaron como personal y equipo creativo y logístico.— Iris Ceballos Alvarado








