“Rimsky-Korsakov era un hombre alto como Berg o Aldous Huxley, y a semejanza de Huxley, veía mal. Usaba gafas teñidas de azul y a veces mantenía un par suplementario sobre la frente, una costumbre que se me contagió. Cuando dirigía una orquesta se inclinaba sobre la partitura y sin levantar casi nunca los ojos movía la batuta en dirección a sus propias rodillas. Su dificultad para ver la partitura era tan grande y estaba tan concentrado en su esfuerzo por escuchar, que casi no impartía ningún género de instrucciones a la orquesta”, contaba su alumno Igor Stravinsky.
Nikolay Rimsky-Korsakov, nacido en el distrito de Novgorod el 18 de marzo de 1844, llegó a ser el gran viejo de la música rusa. Formó parte del Grupo de los Cinco nacionalistas rusos junto con César Cui, Aleksandr Borodin, Mili Balákirev y Modest Músorgski.
En su juventud, cuando todavía era oficial de la marina, Rimsky-Korsakov trabajó con la guía de Balakirev y produjo obras interesantes y originales como la Sinfonía Anta, el poema sinfónico Satko y la ópera “La doncella de Pskov”. Pero tal vez su obra más conocida sea el Capricho Español, que abrió anteanoche el programa 4 de la actual temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY).
Un capricho
El Capricho Español de España solo tiene el nombre, pues desde la primera nota queda de manifiesto el folclor ruso que caracterizaba a los Cinco. Las obras de Rimsky-Korsakov recogieron la esencia de la herencia popular rusa y abren un delicioso mundo nuevo, el mundo de Rusia Oriental, el mundo de lo sobrenatural y exótico, el mundo del panteísmo eslavo y las razas desaparecidas.
El Capricho Español tiene cinco movimientos: Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano, y Fandango asturiano.
De entrada, el compositor nos regala un alegre ritmo de danza con toda la orquesta, muy a la española, por el pandero. Después, el clarinete juega con el tema, para dar paso a una música más lánguida y calmada, en los cornos, que es retomado enseguida por las cuerdas, el corno inglés y toda la orquesta. Luego se repite el tema del principio, con las flautas y las trompetas. El concertino (Christopher Collins-Lee) retoma el tema ya conocido del clarinete y lo desarrolla.
Luego sigue una sección anunciada por redoble de tarola y una fanfarria en los metales; el violín explora un nuevo tema con cuerdas dobles. Más tarde, destaca el acompañamiento de fuertes pizzicatti de las cuerdas, lo que da lugar a una complicada cadenza de la flauta. Después, vienen el oboe, el clarinete y el arpa, que preparan la entrada de la orquesta entera.
Después hay un diálogo entre el violoncello y algunos alientos, y entra nuevamente la orquesta para seguir el baile. El concertino tiene otra importante intervención solista y, cuando la música crece, aparecen las castañuelas y el triángulo, sonidos muy españoles.
Finalmente, Rimsky-Korsakov retoma el mismo tema del principio, tocado por toda la orquesta en un tempo mucho más rápido que al inicio, para dar por terminado este Capricho Español de una manera contundente, redonda.
Colores de maderas
Otra obra famosa siguió al Capricho Español, el esperado “Bolero” de Maurice Ravel, una obra hipnótica que despliega los colores de los alientos, maderas y metales uno por uno, a dueto, en trío y luego todos juntos, mientras la percusión (la aplaudida Tania Estrada) sostiene todo con un ritmo repetitivo de principio a fin. Agotador.
Para esta obra, según los requisitos propios de la misma, se sumaron a la orquesta saxofones y otros instrumentos, que brillaron en la aparente simplicidad de una partitura que agota físicamente a percusionista y director, y en el camino puede desesperar un poco a los oyentes, que siempre explotan en aplausos y bravos por el clímax apasionado y emocionante del final. Hay que admitirlo, es una obra un poco efectista que funciona muy bien para los melómanos.
Joaquín Melo, Paolo Dorio, Juanjo Pastor, Alexander Ovcharov, Miguel Galván, Todor Ivanov, María José Chi… todos en su momento, flauta, clarinete, corno, oboe, fagot, trombón, saxofón, respectivamente, tienen sus instantes de protagonismo en esta obra cuya belleza minimalista no se discute.
Celebran natalicio
Tras el intermedio, la OSY ejecutó la Suite número 2 “Daphnis et Chloé”, también de Maurice Ravel, en el marco del 150o. aniversario de natalicio del compositor francés. La obra original es un ballet que narra la historia de amor de Dafnis y Cloe, y constaba de una gran orquesta y coro, pero luego Ravel hizo una versión más accesible para salir de gira. La suite consta de Lever du jour (Amanecer), Pantomima y Danza general.
La música de esta suite describe lo que va sucediendo en la escena. Comienza con un amanecer pacífico con el brillo tenue de las arpas (Balam Ramos y Amalinalli Pichardo), y de los vientos. Una melodía se desarrolla lentamente en las cuerdas.
No se oye ningún ruido excepto el murmullo del correr del agua. Conforme avanza el día se escuchan en violines y un piccolo el pastor que pasa con su rebaño, un grupo de zagales, la búsqueda de Cloe por parte de Dafnis, con una música más ansiosa; un tema apasionado en las cuerdas por el encuentro de los amantes…
Hay un trío para oboes y corno inglés, podemos ver a Dafnis tocando una melodía melancólica en la flauta en lo que Cloe aparece y danza; la música se vuelve más enérgica y la danza más animada; de pronto Cloe cae en brazos de Dafnis.
Sigue una música lenta, y cuando juran su amor ante el altar la música se anima una vez más; hay danzantes y música de la pandereta.
Dafnis y Cloe se abrazan tiernamente en lo que la música se eleva hasta un clímax breve y luego se va apagando. Cuando comienza la danza general sabemos que la historia ha concluido y la escena final presenta los personajes principales en una danza arrolladora que se eleva hasta un magnífico clímax, una celebración dionisíaca del amor físico. El programa se repite hoy, al mediodía, en el Palacio de la Música, bajo la dirección del maestro José Areán.— PATRICIA EUGENIA GARMA MONTES DE OCA
De un vistazo
Otra oportunidad
El programa se repite hoy, al mediodía, en el Palacio de la Música, bajo la dirección del maestro José Areán.
Sus otras obras
Rimsky-Korsakov fue un prolífico compositor de óperas, con títulos como “La doncella de nieve” y “El zar Saltán”, a la que pertenece un fragmento muy conocido, “El vuelo del moscardón”.
Combinación virtuosa
El “Bolero” de Ravel nace de la combinación de dos rasgos muy característicos del francés: su pereza a la hora de ponerse a escribir y su pasión por marcarse retos y superarlos.
Un amplio recorrido
A Ravel le llamaban de todo el mundo para que dirigiera su “Bolero”, que muy pronto se desprendió de su envoltorio coreográfico y pasó al cine.



