“La unción no es mágica, no van a llegar a casa sin ningún problema o sin dolor, para que vaya funcionando primero necesitamos la fe”, expresó el presbítero Luis Ángel Espínola Echeverría en la misa con unción de los enfermos que presidió ayer como parte de la celebración patronal de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes.
Ante una iglesia llena de feligreses, la mayoría adultos mayores, el sacerdote recordó que el arma que la Virgen regaló a los creyentes es el rosario.
Indicó que en ocasiones los enfermos intentan rezar el rosario pero se duermen, entran en un sueño, lo cual es normal por los efectos de los medicamentos que toman.
Sin embargo, manifestó que “no importa si terminan o no el rosario, o lo rezan dos veces ante la confusión de no saber cuántos misterios han hecho antes de quedarse dormidos, pues lo importante es hablar con la Virgen”.
Antes de dar la unción a los enfermos, señaló que este sacramento no es mágico y que no iban a regresar a sus casa sin ningún dolor o problema de salud, ya que para que vaya funcionando primero se necesita de la fe, esa misma que la Virgen ha avivado con sus apariciones en México, Francia y Portugal. “Dios nos da signos de su amor, la mayor parte del tiempo por parte de su madre y, otras veces, mediante sus amigos, los santos”.
—El Señor nos da la gracia de saber que somos amados, nos purifica, perdona nuestros pecado y entonces podemos caminar confiados hacia Dios.
Hizo mención del Evangelio de San Marcos que se leyó, y en el que se relata que Jesús se acercaba a los enfermos para curarlos, y “no solo quería curarlos a ellos, sino a todos”.
Recordó las palabras del apóstol Santiago, quien señalaba que “si hay algún enfermo entre ustedes llamen al presbiterio para que lo unja con aceite, con su fe le dará salud al enfermo y si se tienen pecados se les perdonará”.
Por ello, les indicó que debían encomendarse a Jesús para que los salvara y curara.
En relación con el Evangelio, apuntó que narra que un enfermo no podía caminar, tenía buenos amigos y no les gustaba verlo enfermo, y sabían que Jesús podía curarlo, y por eso lo llevaron con Él.
—No tomaron en cuenta que había mucha gente y no les dejaban acercarse a Jesús, porque todos querían que los sanaran. Pero ellos pensaron que no podían regresar sin que Jesús los viera, así que hicieron la hazaña de subir al techo, quitar el tejado y bajar al enfermo hasta que Jesús lo curó.
Al igual que el enfermo que no podía caminar, les recordó que no están solos, a algunos los cuidan los papás, los hijos, los amigos, los enfermeros, pero hay alguien más cuidándolos, procurando que tengan todo lo que necesitan.
Los exhortó a ser agradecidos con los cuidadores y no acusadores.
—Muchos se quejan de quien los atiende cuando voy a verlos, y la persona está junto a él o ella, y siento que huele a bebé, que le acaban de bañar o entalcar, y hay un plato manchado, lo que significa que ya comieron, quiere decir que sí los atienden, pero se quejan.
—Hay que ser agradecido con la persona que nos cuida. Mientras ustedes duermen el que los cuida está pendiente —continuó.
Resaltó que el de ayer era un día para agradecer a Dios que hay alguien con ellos, que no están solos.
También les dijo que no se culpen de su carácter, pues a veces los mismos enfermos le dicen que son muy groseros con quien les atiende, “a veces la misma enfermedad nos hace reaccionar de maneras distintas”.
No obstante, los exhortó a usar una palabra que lo cura todo, “perdón”. Hay que saber pedir perdón, apuntó.
El padre Luis Espínola habló de la caridad, de cuidarse y cuidar al que está a su lado, y destacó la importancia de la gratitud, sobre todo si hay alguien que les acompaña.
Antes de impartir el sacramento de la unción de los enfermos, los invitó a entregar al Señor su cuerpo “que hoy está cansado, herido, que hoy necesita fuerza y valor”. Enseguida comenzó a ungir con el óleo santo en la frente y las palmas de las manos a los presentes.
Mientras esto sucedía, los fieles entonaban cánticos con frases como “entre tus manos está mi vida Señor… entre tus manos pongo mi existir”, y “toma mis manos te pido, toma mis labios te amo, oh Padre, tuyo soy…”. Algunos enfermos se conmovieron hasta las lágrimas al recibir el sacramento.
El padre Alejo Huchim Kumul se incorporó a la ceremonia y apoyó al párroco de Lourdes dando la unción de los enfermos a los presentes y también escuchó confesiones.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
Rosario Más detalles
Durante la misa de ayer se recordó que éste es el Año Jubilar, en el que el Señor regala la gracia del perdón.
Rezar juntas
El padre párroco Luis Ángel Espínola Echeverría relató que la Virgen se le apareció a Bernardita con el rosario en manos y le pidió que se acercara, pero ella no lo hizo por miedo. Entonces, la Virgen comenzó a rezar el rosario y le siguió Bernardita.




