“BIENAVENTURADOS…”

El marco que presenta san Lucas sitúa la proclamación de las Bienaventuranzas en un llano, a diferencia de san Mateo que las sitúa en una colina. Dichas bienaventuranzas están más divulgadas según el texto de san Mateo, en el que, a diferencia de las que consigna san Lucas, faltan las maldiciones. Además, Jesús aparece como rey mesiánico que trae el derecho y la justicia a los pobres. San Mateo pone de relieve más las actitudes del discípulo, mientras que san Lucas habla claramente de los pobres, de los hambrientos, de los que lloran y de los perseguidos. Esos son los desfavorecidos que Jesús encomienda a los discípulos.

Esta enseñanza de Jesús pone de manifiesto la lógica de Dios. La soberanía de Dios quiere cambiarlo todo y llevar al cabo una humanidad nueva, pero sin violencia. No hace de los pobres una bandera, sino que su camino es la paz, al estilo de Dios. Y esto es un punto original. Dios quiere cambiar el mundo desde la ingenuidad del amor a los enemigos. Se podría entender que Dios quisiera cambiar el mundo con un cuadro bien organizado de militantes inteligentes, con buenas estrategias de poder, pero pensar que se va a cambiar el mundo con un corazón grande, compasivo, misericordioso al estilo de Dios, no parece una idea moderna.

Esta recopilación de expresiones de Jesús (las Bienaventuranzas), es un documento y un testimonio de las primeras catequesis cristianas que delinean el perfil moral del discípulo de Jesús. El mensaje de las Bienaventuranzas es un llamado radical dirigido a las personas que ya han hecho la primera elección por Jesús y por el Reino de Dios, y que ahora deben orientar su vida de hijos de Dios. Si los hijos de Dios conservan intacta su fe en el Dios de las promesas, libres de desesperación y lejos del orgullo autosuficiente, llegarán a ser “los justos por la fe”. Porque la fe tiene tres dimensiones: fe es palabra con la boca, fe es verdad con el corazón y fe es obra con los hechos.

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