“Y como alegraban las tardes aquellas, las tardes aquellas bañadas de luz… se fueron los sueños y las golondrinas y las golondrinas se fueron también” —canción de Luis Rosado y Ricardo Palmerín
El yucateco no canta corridos, canciones de desamor, ni a los caballos o a los perros, como en otras partes del territorio; no, el paisano le canta al amor, a la joven fémina. Eso nos distingue del resto de la República. El boxito escribe canciones delicadas, románticas, de amor, donde enaltece al ser más bello que ha creado Dios: la mujer.
¿Quién no ha llevado una serenata a la prometida con la canción “Novia mía”, con un trío contratado en la Plaza Grande y con temor a que el padre de la prometida salga a corretearnos? La serenata que se lleva a la novia es una tradición yucateca, donde el enamorado, juntando sus ahorros de varias semanas, decide expresarle su amor a la amada a través de un trío que entona seis canciones que declaran el cariño a la prometida, quien detrás de la ventana escucha con emoción las melodías. La trova yucateca clásica la integra una terna compuesta de una guitarra rítmica, bajo y requinto, que en conjunto hacen una armonía perfecta matizada con las voces de sus componentes.
La música de trovadores, por su finura y elegancia, no se parece a ningún ritmo mexicano. Aunque las métricas que interpretan los juglares son mezcla del bambuco y el bolero, ambos de origen extranjero, la influencia de la sangre maya vino a enriquecer y amalgamar esos ritmos, dando como resultado un sonido tierno, melancólico, expresivo y dulce.
La trova yucateca es un patrimonio inmaterial que el Mayab ha aportado al mundo. Compositores como Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín, Felipe Domínguez, Miguel Ángel Gallardo, Armando Manzanero y muchos más son un verdadero orgullo de la cultura yucateca. Pido al Creador que el romanticismo no se pierda nunca, ¡viva la trova!
Abogado y empresario.
