El fresco que representa a Dioniso y su séquito, en Pompeya
El fresco que representa a Dioniso y su séquito, en Pompeya

ROMA (EFE).— Las ruinas de Pompeya, la ciudad romana sepultada hace dos mil años por la erupción del Vesubio, revela un nuevo tesoro: un gran fresco que representa a Dioniso, el dios del vino, y a su séquito de bailarinas, cazadoras y sátiros.

Se trata de una “megalografía”, una pintura de tamaño casi humano, que fue encontrada en el friso de un salón para banquetes excavado en las últimas semanas en el yacimiento.

El mural muestra a Dioniso —Baco, en la mitología romana— seguido por sus bacantes y ménades, las mujeres y musas que se zambullían en su culto en sus festines y rituales, representadas como bailarinas y cazadoras feroces.

Los arqueólogos de Pompeya han bautizado esta nueva estancia como la Casa del Tíaso, es decir, la comitiva que se entregaba a los efectos del dios del vino en orgías y bacanales nocturnas.

En el séquito del dios del frenesí aparece una cabra degollada, sátiros con orejas puntiagudas que tocan la flauta, otro que cumple el sacrificio del vino, la libación del vino en honor de la deidad, así como una mujer que, con un sacerdote, se inicia en estos rituales nocturnos.

El friso fue datado en el siglo I antes de Cristo, entre los años 40 a 30, y quedó sepultado por la violenta erupción del Vesubio, como el resto de esta próspera ciudad romana a orillas del Golfo de Nápoles.

Pompeya cuenta con infinidad de frescos en las casas que han ido resurgiendo de las cenizas y la tierra, pero éste es un caso raro de “megalografía”, la segunda después de la encontrada en la Casa de los Misterios.

La representación aporta otro punto de vista a los rituales iniciáticos del culto dionisiaco: la caza, que es evocada no solo por las bacantes cazadoras sino también por otro pequeño fresco de animales vivos y muertos en su parte superior.

Las batidas de caza de los seguidores de Dioniso, contadas por Eurípides en la tragedia de las “Bacantes” en el año 405 antes de Cristo, devino en los siglos posteriores en metáfora de una vida desenfrenada, explicó el director de Pompeya, Gabriel Zuchtriel.

El mito representaba en la Antigüedad el “lado salvaje e indomable” de las mujeres, que abandonaban sus hogares, saliendo de la órbita masculina, para adentrarse en los misterios de Dioniso y abrazar una vida en los bosques y montañas.

El ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli, celebró este “documento histórico excepcional” porque revela “un aspecto de la vida de la época clásica mediterránea en gran parte desconocida”.

Y aseguró que el gobierno seguirá apoyando financieramente las excavaciones en Pompeya, yacimiento que en el pasado año recibió más de cuatro millones de visitas.

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