Un día como hoy de hace 50 años Yucatán recibió en su territorio por cuarta ocasión a una reina: Isabel Alejandra María Windsor, de Inglaterra. La soberana llegó acompañada de su esposo Felipe, duque de Edimburgo, quien ya había estado en Mérida en tres ocasiones.
Isabel II —fallecida el 8 de septiembre de 2022— incluyó a esta ciudad, Uxmal y Tizimín en el programa de su gira por el país, que abarcó también Ciudad de México, Veracruz, Oaxaca y brevemente Cozumel, en cuyas aguas ancló el yate “Britannia” que la llevó hasta suelo mexicano y desde donde se dirigió en avión a la capital de la República.
A su llegada al Estado, el 27 de febrero de 1975, Isabel II abordó el autobús presidencial “Morelos” —según consta en la crónica del Diario— para dirigirse a la antigua ciudad prehispánica. Una vez ahí recorrió la zona y por la noche asistió en la misma urbe maya a una cena —pasada por agua— con autoridades e invitados.
Margarita Díaz Rubio, presidenta del Patronato Pro Historia Peninsular (Prohispen), recuerda como una grata experiencia y una simpática aventura la visita de la reina a Uxmal.
En 1975 Carlos Loret de Mola Mediz era el gobernador, a quien Díaz Rubio califica de persona con mucha educación y cultura; “le gustaban las cosas culturales y los eventos especiales los hacía muy bien”.
Por ello la visita de Isabel II a la zona fue bien planeada y se desarrolló de una forma elegante. “Todas las mujeres fuimos con ternos y joyas, como se acostumbra con el traje regional, y los hombres vistieron de guayabera”.
Así fue la cena de la reina Isabel II en Yucatán
Señala que había una mesa en la que estaban el gobernador y su esposa Berta Vadillo Martínez, dos representantes de la etnia maya (uno de ellos, Gaspar Antonio Xiu) y la reina con el duque de Edimburgo. Recuerda a la Banda de Música del Estado “tocando precioso”.
Sin embargo, piensa que tal vez le estaban cantando a Chaac, el dios maya de la lluvia, pues esa noche cayó una fuerte lluvia.
“Desde la caída de las primeras gotas una persona se acercó con un paraguas a cubrir a la reina, pero ella discretamente rechazó el paraguas. Después cayó la lluvia y todo el mundo corrió”, dice. “Don Vicente Erosa, uno de los invitados, se puso la mesa sobre la cabeza”.
Isabel y su esposo se refugiaron en el Cuadrángulo de las Monjas. Margarita Díaz también corrió y como en el suelo había huecos por la instalación del luz y sonido, que se inauguró esa noche, se “arremangó el fustán” para brincar y ponerse bajo cobijo, justamente frente a la soberana y su consorte, que rieron de la escena. “Creo que les causó gracia verme con el justán arremangando y saltando”.
Afirma que, a 50 años de distancia de ese hecho, aún recuerda el momento como una de las anécdotas más agradables de su vida.
Y es que la lluvia cesó y, como pasa cuando un aguacero sorprende a todos, la formalidad se rompió y surgió un ambiente coloquial y bonito.
No olvida que la reina, a pesar de que los escalones de los monumentos mayas estaban mojados, los subió con elegancia y firmeza para inaugurar el luz y sonido.
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