El Museo Palacio Cantón fue sede del conversatorio “Restaurar y resistir”, en el que especialistas en conservación y restauración del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) compartieron sus experiencias de intervenir dos monumentos emblemáticos del Paseo de Montejo que fueron pintados en manifestaciones el 8 de marzo de 2023.
El evento reunió a parte del equipo: Karla Martínez López (quien dirigió el proyecto), Martha Soto Velázquez, Alain Jiménez, Miren García Turriza, Carlos Gálvez Valencia y César Téllez Castro, quienes expusieron no solo el proceso técnico de limpieza y conservación, sino también la complejidad de atender el patrimonio urbano en el contexto de las movilizaciones sociales.
La intervención se centró en dos puntos clave de la avenida meridana: el obelisco a Felipe Carrillo Puerto y el monumento a Justo Sierra O’Reilly. Ambos espacios, además de su valor histórico y simbólico, se han convertido en lienzos espontáneos de las consignas feministas en las marchas del 8M.
El equipo de restauradores no se limitó a una limpieza superficial, sino que planteó un enfoque más profundo para preservar el mensaje de las manifestaciones sin perder de vista la conservación de los bienes culturales.
Este ejercicio de conservación activa, según explicaron los especialistas, pone sobre la mesa un debate fundamental: ¿cómo pueden convivir las expresiones sociales del presente con el legado histórico que representan estos monumentos?
La pregunta central del conversatorio giró en torno a esa coexistencia entre memoria histórica y memoria de protesta, un tema, de acuerdo con los ponentes, cada vez más común en México y el mundo.
Previamente a la intervención de limpieza y restauración de los monumentos, hubo un registro minucioso de las pintas. Las imágenes están siendo resguardadas y pronto serán de dominio público, como un recordatorio de este proceso histórico, social y cultural.
Durante la charla también se hizo mención de los procesos mecánicos a los que fueron sometidos los dos monumentos, que, tras su revisión exhaustiva, evidenciaron condiciones de conservación y deterioro radicalmente distintas.
Tratamiento diferente
El proceso de conservación de ambos monumentos implicó reconocer la especificidad de cada caso. El obelisco fue tratado con tecnología que permitiera ir retirando la pintura y causara el menor daño a la piedra porosa típica de la región con la que fue edificado.
En el segundo, en honor a Justo Sierra O’Reilly, la prioridad fue intervenir estructuralmente el material de bronce, buscando soluciones que garantizaran su estabilidad y preservación a largo plazo. Aquí se recurrió a la aplicación de recubrimientos, técnica que protege la estructura sin alterar su naturaleza, y nuevamente se puso especial atención por trabajarse con materiales frágiles como la piedra, particularmente suave y vulnerable a la erosión por viento, sobre todo en las partes con relieve, el cual fue rehecho por los expertos.
Este enfoque técnico se complementó con una reflexión más amplia sobre la conservación patrimonial como un acto político y cultural. Los monumentos no son objetos aislados, sino espacios vivos que condensan memoria, conflicto y significado. Su conservación implica, por lo tanto, un ejercicio de negociación entre el respeto al material original, la lectura crítica de las huellas sociales que se imprimen sobre ellos y la responsabilidad de garantizar su transmisión al futuro.
Comprensión
Hacia el cierre de la ponencia, los expertos afirmaron que la experiencia con estos dos monumentos les deja una enseñanza clave: conservar no es solo restaurar la materia, sino también comprender el contexto y la historia que le dan sentido.
Así, el reto es construir metodologías de intervención que reconozcan que el patrimonio monumental es tanto material como simbólico, técnico y político, tangible e intangible. Solo así podremos hablar de una conservación integral, capaz de dialogar con el pasado sin perder de vista las tensiones y demandas del presente.
Y algo es totalmente claro: por ningún motivo pretendieron borrar la memoria colectiva, sino trasladarla a una nueva propuesta al alcance de todos.
El evento concluyó con un espacio para el diálogo y una reflexión del colectivo Restauradoras con Glitter de 2019: “El patrimonio cultural puede ser restaurado, sin embargo las mujeres violentadas, abusadas sexualmente y torturadas nunca volverán a ser las mismas; las desaparecidas seguirán siendo esperadas por sus dolientes y las asesinadas jamás regresarán a casa. Las vidas perdidas no pueden restaurarse, el tejido social sí”.
Luego, los asistentes fueron invitados a recorrer la exposición que refuerza con datos el proceso de restauración y conservación del testigo histórico.
También forman parte del equipo de restauración Edgar Morelos, Gabriel Severiano, Javier Rojas, Diana Arano, Margarita Alcántara, Jareth Guadarrama y Miguel Buenrostro.— Darinka Ruiz Morimoto
