El canónigo Ignacio Kemp Lozano se muestra agradecido y lleno de felicidad al alcanzar los 90 años de vida, un aniversario que marca no solo el paso del tiempo, sino también la continuidad de sus proyectos en beneficio de los más necesitados.
Su labor incansable, que abarca más de seis décadas de sacerdocio, sigue siendo un faro de esperanza para los más vulnerables de la sociedad.
Uno de los proyectos próximos del canónigo es la construcción de nuevas oficinas y un módulo para mujeres en la casa de El Buen Samaritano, un refugio que brinda comida, techo, ropa e incluso medicación a personas en situación de calle.
A este albergue llegan al caer la noche y al día siguiente retoman su camino.
Hoy en día, los servicios administrativos se prestan en una bodega, pero con este nuevo proyecto se busca expandir el alcance de la ayuda, ofreciendo a las mujeres el mismo tipo de atención que el refugio ya brinda a los hombres.
Anteanoche, el sacerdote celebró su cumpleaños con bienhechores y colaboradores de El Buen Samaritano, en las instalaciones de este albergue, ubicado junto al Centro de Rehabilitación para Alcohólicos Cottolengo, fundado también por él.
La celebración estuvo llena de muestras de afecto, con abrazos, felicitaciones y las “Mañanitas”, acompañadas de música de mariachi.
Vida personal y trayectoria del padre Ignacio Kemp Lozano
Ignacio Kemp nació el 14 de febrero de 1935 en San Luis Potosí, hijo de William Víctor Kemp y Luz Lozano Gómez. De los casi diez hermanos que tuvo, todos han fallecido.
A los 20 años llegó a Yucatán para estudiar Teología en el Seminario Conciliar, y cursó Filosofía con los jesuitas en Ciudad de México. En Yucatán fue ordenado sacerdote el 9 de julio de 1961.
A lo largo de su vida, el sacerdote ha sido parte fundamental de la fundación de diversas iniciativas en Yucatán, como el Movimiento Obrero Social, el Colegio Motolinía y las comunidades de San Isidro Labrador, El Porvenir, San Camilo y Cottolengo.
Además, fundó El Buen Samaritano hace una década, un proyecto que sigue transformando vidas.
El canónigo compartió que lo que lo ha impulsado a llevar al cabo estas obras ha sido su profundo amor a Jesús y su deseo de ayudar a los más pobres.
Espíritu solidario
Reflexionando sobre su experiencia, el sacerdote destacó que los pobres le han enseñado a ser más humano, más cristiano, y a forjar comunidades solidarias.“ Eso es lo que me ha alimentado y fortalecido durante todo este tiempo”.
En 40 años de trabajo en Cottolengo, 9,574 alcohólicos han pasado por este centro de rehabilitación, y el 60 por ciento de ellos se ha recuperado. El pilar de este éxito, señaló el padre Kemp, ha sido la fe en Dios.
“Dios es quien te da la vida y quien te enseña a vivir, a amar la vida, y para eso estamos aquí”, expresó con firmeza.
En El Buen Samaritano, el sacerdote ha atendido a miles de personas, incluidos indigentes y personas que tienen una adicción a la calle, una “adicción que no podemos tratar”, según él.
“Son felices en la calle, pero forman parte de la sociedad, y El Buen Samaritano es un refugio nocturno para ellos. Que sepan que en la vida también hay un poco de amor, no están solos”.
El sacerdote subrayó la importancia de brindar una “gota de amor” a quienes más lo necesitan.
“Que te den un plato de sopa caliente es una gotita de amor; que te den un pan es una gotita de amor. Hay algo en nuestro espíritu que se anima al saber que el amor existe y se puede manifestar de muchas maneras”, concluyó el canónigo Kemp.
El religioso goza de buena salud y del cariño de innumerables personas que lo consideran un verdadero ejemplo de servicio y amor.
El padre Ignacio, nacido el mismo día en que se celebra el Día del Amor y la Amistad, parece haber tenido desde siempre una vocación predestinada a demostrar amor a los demás.— Claudia Ivonne Sierra Medina
